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El día es más largo para aquel que va a luchar: Bill Millin y 156.000 de jóvenes más

Los Reyes Magos me trajeron este año un libro «Lo que nunca te han contado del Día D» que he disfrutado. Bien sabían Sus Majestades que el tema me apasiona desde niño, desde que vi la película de «El día más largo» con ocho o nueve años.

Ya entonces se me quedaron en la cabeza un montón de historias de las que allí se contaban. Historias de las que entonces desconocía si eran o no ciertas (con esa edad todas me parecían ciertas). Luego descubrí que, convenientemente edulcoradas, narraban hechos reales. Recuerdo con horror los paracaidistas que caían muertos tras ser tiroteados durante el salto. El paracaidista de la 101 airborne que se quedó colgado de la torre de una iglesia. El desembarco durante el que los soldados, barridos por ametralladoras, buscaban refugio tras unas extrañas estructuras metálicas. Y cómo no, el gaitero que desembarcaba y se internaba tierra adentro tocando la gaita.

Un ejemplo de la locura de la guerra y de los gestos heroicos, a la vez que absurdos, que la salpican. Durante la primera guerra mundial los gaiteros acompañaban con sus instrumentos los asaltos a las trincheras enemigas y muchos murieron. A raíz de aquel absurdo se prohibió y, durante la segunda guerra mundial, se mantuvo la prohibición. Se mantuvo hasta que en el desembarco un oficial, Lord Lovat, decidió hacerse acompañar de un gaitero, Bill Millin, que tocó desde que la lancha de desembarco abrió su portón y los soldados, gaitero incluido, se echaron al agua. Se mantuvo tocando desfilando de un lado a otro de la playa, bajo un más que intenso fuego, que causó centenares de víctimas, sin ser herido. Parece que los alemanes lo tomaron por loco y no hicieron puntería con él y también parece que supuso un chute de adrenalina para los soldados que desembarcaban. «No soy historiador» lo cuenta mejor.

Por supuesto están documentadas las piezas que aquel heroico demente, Bill Millin, tocó: «Highland Laddie», «The Road to the Isles» y «All The Blue Bonnets Are Over The Border».

Miles de jóvenes, muchos de ellos voluntarios llenos de ideales, se jugaron la vida y la perdieron en aquella guerra contra el fascismo y la barbarie. Mi respeto, admiración y recuerdo para ellos. Un tributo a todo ese espíritu que ejemplifica ese gaitero que armado con su gaita y el típico cuchillo de los clanes escoceses quiso insuflar ánimos a sus compañeros combatientes.

Unos 156,000 combatientes llegaron a las 5 playas del desembarco. Sólo aquel 6 de junio de 1944 murieron .,400 soldados de ellos y más de 9.000 fueron heridos o desaparecieron. Frente a ellos también cayeron cerca de 9000 alemanes, muchos de ellos convencidos de que simplemente estaban defendiendo su patria (ese es el cáncer que corroe la inteligencia de la mano de la ideología nazi). Finalmente miles de civiles franceses pagaron con sus vidas aquella batalla.

Viajé con Ella y mis hijos a Normandía, los chicos se pusieron a jugar a la guerra hasta que les corté mostrándoles uno de los cementerios de los caídos ese día. Dejaron de jugar cuando se dieron cuenta de lo que allí había sucedido. Muchas veces he pensado que me pasé pero, en el fondo, creo que eso es educar.

Quienes me habéis leído sabéis que tengo una irrefrenable tendencia a mostrar la caspa, en tono de humor, que invadía aquella España gris de la dictadura. De muestra vale un botón: la versión en nuestra lengua del tema principal de la película cantada por José Guardiola.

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