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La música de las películas de Berlanga

Las películas de Berlanga retratan la vida con sentido del humor. Dejan en la boca una sensación agridulce. Mezclan lo dramático y lo cómico que tuvo, tiene y tendrá nuestro día a día. La música que eligió para esos retratos es la música de su tierra, la música de Valencia, la música de las bandas callejeras y las escuelas de música, la banda sonora de nuestros festejos populares y de sus películas. Una mezcla de zarzuela, revista, canción popular española, la de moros y cristianos, y el folclore más “folclórico”. Eso explica porqué, cuando han querido homenajear a Berlanga en su centenario, no ha faltado una banda callejera tocando lo más definitorio de “sus” músicas: La Societat Musical La Eslava.

Berlanga dijo de si mismo: “…yo no soy un hombre excesivamente sensibilizado para la música. Si la música funciona bien en algunas de mis películas, será por un fenómeno ajeno a mis sensibilizaciones. A los músicos que han trabajado conmigo siempre les he dado unas ideas más literarias que musicales”. He leído esas declaraciones y me ha venido a la cabeza “Bienvenido Mr. Marshall”.

¿Os habéis fijado en la música que suena de fondo en el trailer de “Plácido”? Os al pongo en limpio porque explica que hace la música con una película. El foxtrot de “Plácido” se ha quedado como música que huele a cine.

Juan Francisco Álvarez cuenta con detalle en la revista de cine, Encadenados” la historia de las músicas y los músicos que escogió Berlanga para sus bandas sonoras. Yo sólo quiero recordar con vosotros las que han venido a mi memoria, las que me han gustado y han sido parte de mi vida, como “La vaquilla” que retrataba una España que, de otro modo y por desgracia, todavía vive.

Seguro que habéis escuchado o leído que, en las películas de Berlanga no podía faltar una referencia al imperio austrohúngaro. Era un amuleto. Le dio buena suerte cuando, por casualidad, la metió en “Bienvenido…” y ya lo hizo siempre. Yo no voy a ser menos.

Y vuelvo con las películas de Berlanga que más me gustaron y con las músicas de las calles de la Valencia que yo amo y que siempre están en mi recuerdo: Calabuch, un resumen de la Valencia de mi infancia tal como la he soñado y sólo recuerdo a través de los ojos de Berlanga y los incomparables guiones de Azcona.

Hasta con música religiosa sabían hacer “los jueves milagro”.

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Sabrina Salerno: Boys, boys, boys o boing, boing, boing

Octubre 1987, “Boys, boys, boys” llegó al número 1 de los 40 principales. No recuerdo como llegó a ese puesto porque por su calidad musical no creo que fuera. Ese final de año se lio a lo grande. Sabrina, la que cantaba aquel tema, participó en la gala de fin de año y se le escapó una teta mientras actuaba. El poster con la escena pasó a presidir las habitaciones y carpetas de los adolescentes. Mi hijo mayor tenía sólo seis años y, sin embargo cantaba “Boing, boing, boing, Sabrina va en tetas”

Debutó en el “Un, dos, tres” cuando vivíamos los tiempos de la televisión con sólo dos canales. Una semana después protagonizó la portada del “Interviú”. En octubre había llegado al número 1 de los 40 principales y, con esas credenciales compartió cartel en el programa de fin de año con artistas como Martes y Trece, Luis Eduardo Aute, Miguel Bosé, Camarón de la Isla, Duncan Dhu, Dúo Dinámico, Hombres G, Rocío Jurado, Radio Futura, Eros Ramazzotti, Joaquín Sabina, Donna Summer o Dionne Warwick. Interpretó dos canciones: “Boys, boys, boys” en primer lugar (con esa ya consiguió que nuestros ojos sólo prestasen atención a sus atributos). En segundo lugar, “Hot Girls” y allí se “salió de madre”. Creo que nadie recuerda del resto de actuaciones.

Sabrina ha defendido siempre que fue un “accidente” y que la decisión de emitir la grabación, hecha unos días antes, fue del productor de la gala, Hugo Stuven, con el visto bueno del representante de la cantante y de la entonces directora general de TVE, Pilar Miró. Sin que ella supiera nada. Lo cierto es que esa teta la lanzó al estrellato. Al parecer tiene el récord de portadas de “interviú”.

Por alguna extraña razón todos asociamos aquella teta a “Boys, boys, boys” (que realmente se llamaba “Summertime Love”) pero no fue esa canción la verdadera protagonista.

Cuentan las crónicas que cuando se reencontraron Sabrina y Stuven el conflicto se saldó con un sonoro bofetón acompañado de un ¡Vaffanculo, stronzo di merda!”, traducido: “Vete a la mierda, gilipollas”. Luego llegaron años de “éxito” que trajeron de la mano un extraño personaje de origen brasileño que, con el sobrenombre de Sabrina Boing Boing, posó dando de mamar a un ternero. O la creación de un equipo de futbol sevillano, la Società Sportiva Sabrina Salerno, en su memoria.

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La música de las pelis del oeste

Ahora no debe ser políticamente correcto pero a mí siempre me han gustado las pelis del oeste y sus músicas siempre me han transportado a ese mundo en el que, seguro, hubiera odiado vivir y en el que, sin embargo siempre he soñado y aventurado fantasías nunca protagonizadas por mi.

Los siete magnífico. Su música, durante muchísimos años, la de los anuncios de Marlboro (hasta que nos enteramos de que el protagonista de aquel “Come to Marlboro Country” murió de un cáncer de pulmón) era puro western. Te llevaba allí.

Por supuesto Clint Eastwood era también puro western. Rodado en Almería. El cine siempre ha sido tramposo. Pero el tema central de “El bueno, el feo y el malo” … lo evoca todo y te transporta a cualquier lado. Una vez en mi vida una música que no venía del cine me transportó tanto al mítico oeste pero era trampa. Yo estaba allí.

“How the west was won” Lo que para mí era puro cine y entretenimiento un profesor de historia, “El Topo” lo convirtió en una clase de historia que me apasionó. La película, que aquí titularon “La conquista del oeste” fue de lo primero que se estrenó en pantalla panorámica (lo llamaron cinerama) y fue un gran espectáculo.

“La leyenda de la ciudad sin nombre” Otra vez Clint Eastwood y el oeste. Aquel divertido y, entonces muy pecaminoso, trio con Jean Seberg y Lee Marvin. La voz de Lee Marvin cantando como si se estuviera afeitando con una cuchilla. Voz queda moviendo poco los labios.

Y otra canción de mineros, “Oh my darling Clementine” que inspiró una película de John Ford pero que yo he preferido recordar en la voz de Pete Seeger. Un músico que, como tantos otros, descubrí con mi amigo R. Y que me abrió los oidos a la música popular de los Estados Unidos. Eso que llamamos Folk.

Y volviendo a lo más clásico de los clásicos, “Sólo ante el peligro”. Inolvidable película y música que he visto y escuchado infinidad de veces. “Gary Cooper que estás en los cielos”.

Y, aunque no cantase, imposible olvidarse de John Wayne en una peli del oeste. La voz y el consabido contrapunto cómico, la ponía Dean Martin en “Rio Bravo”

Otro clásico musical “Riders in the sky”, una canción que se convirtió en película. Una canción de puro far west.

Cierro esta selección de temas musicales recordando las bandas sonoras de las pelis del oeste con la que ha sido sintonía de muchos ciclos de cine del oeste en las cadenas de televisión de todo el mundo. “Horizontes de Grandeza”. Y os invito a recordar un décimo tema. No es cine. Es televisión pero, es imposible que no acuda a mi memoria: “Bonanza”

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Ob-La-Di, Ob-La-Da. La vida sigue porque vivir es fácil con los ojos cerrados

Usaba minifalda y tenía unos muslazos tremendos. Yo tenía 15 años y ella era nuestra profe “nativa” de inglés en el instituto. Creo que ninguno de sus alumnos (en aquellos años las clases ni soñábamos en que fueran mixtas) la mirábamos sin dejar volar la imaginación. Y sin la menor perspectiva de otra cosa. Eso sí, utilizaba un método que a todos nos enganchó al inglés. Nos enseñaba a entender las letras de los Beatles. Mucho inglés no aprendí pero, muchos años después tuve una conversación con un cliente alemán utilizando trozos de aquellas canciones. Seguro que mi amigo P se acuerda. Nos reímos muchísimo de nosotros mismos ese día.

La primera canción que nos enseñó fue “Ob-La-Di, Ob-La-Da”. Un tema alegre que, quienes sabían tocar la guitarra aunque fuera de oído, la sacaron enseguida. Dicen los expertos que fue un tema precursor en la fusión del raggae y el pop. Lo compuso Paul McCartney. Lennon decía de ella que era «mierda para abuelas de Paul» pero, sin embargo, la entrada rápida y alegre del piano fue obra del propio John Lennon. Aún así “ha sido declarada la canción pop perfecta. Es a la conclusión a la que han llegado varios investigadores del Instituto Max Planck en Alemania después de analizar varios temas de este estilo”. Incluso hay quien afirma que luego ha sido plagiada por otros grupos. ¿Estáis de acuerdo?

La idea de utilizar la música de los Beatles para enseñar inglés no era original de aquella chica. Pero eso no quita ni un ápice del buen recuerdo que de ella tengo y no sólo por sus muslos (que también) sino porque fue la primera profesora de inglés que consiguió que me interesase por aprenderlo. Lamentablemente no recuerdo su nombre. Cosas de la adolescencia y el machismo inherente a la educación recibida. Yo también soy culpable.

La película “Vivir es fácil con los ojos cerrados” cuenta la historia de como Juan Carrión Gañán, un profesor de inglés en el Albacete de 1966, decide viajar a Almería, dónde John Lennon rodaba la película “Cómo gané la guerra”, para pedirle que corrigiera las transcripciones de las letras de los Beatles que sus alumnos habían hecho y que, en adelante, sus discos incorporaran la letra de las canciones. Consiguió las letras y que los discos de los Beatles las incluyeran.

Un ejemplo que aquella chica siguió quizás sin conocer la historia. Un recuerdo cariñoso para ella.

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La marcha “Los Voluntarios” para entrar al instituto

Estudié en el Instituto Ramiro de Maeztu, un centro que entonces era considerado por el Ministerio de Educación de la dictadura como modelo para el resto de los centros de enseñanza públicos. Citando a la Wikipedia: “La idea principal del Régimen en esos primeros momentos es la de contar con un Centro para formar a los jóvenes que iban a ser el pilar del nuevo Estado que emergía tras la Guerra. Por ello no se reparó en gastos para contar con unas instalaciones modernas en materia de laboratorios, medios auxiliares e instalaciones deportivas”. Por supuesto yo, como alumno, era ajeno a esta consideración. Pero la sufría para bien y para mal. La entrada de los alumnos en el instituto es buen ejemplo de lo que cuento.

Formábamos en la plaza central de las instalaciones del instituto, una plaza presidida en su centro por una estatua del dictador. Formábamos ordenados por cursos y aulas. Formábamos con forzada imitación de lo militar en su más rancia acepción. En definitiva ese era el proyecto y el propósito de quienes cogieron las instalaciones del Instituto Escuela de la Institución libre de Enseñanza y las dieron una vuelta de 180 grados para reconvertirlo en un centro regido por el Opus Dei y sazonado con la imaginería falangista.

Luego desfilábamos para entrar en el edificio mientras los altavoces hacían sonar la marcha “Los Voluntarios”. Por supuesto el título de la marcha y la entrada en clase daban lugar a todo tipo de bromas y chascarrillos.

Lo cierto es que fracasaron en sus planes. De aquellas aulas salimos personas de todas las creencias e ideologías imaginables formados por profesores que, en algunos casos estaban absolutamente alineados con los “valores” de la dictadura, mientras que otros eran “versos libres” o “simplemente” enseñantes. El Instituto, como herramienta de formación, gozaba de unas fantásticas instalaciones. Aunque la piscina siempre la vi vacía y rajada en su fondo. Todo un simbolismo.

¿Sabéis que recuerdo yo de aquella formación y esos desfiles? Cambiar cromos de coches. De entonces guardo en mi memoria la imagen de un preciosísimo Jaguar E de color azul, con un morro infinito. Un cromo que me enamoró de los coches y quizás ha tenido que ver con lo que he disfrutado de mi ocupación profesional que gira en el mundo dela automoción.

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“Je t’aime… moi non plus” (Yo te amo…Yo tampoco)

El 69. No podía ser otro año. En 1969 se publicó el disco sexi por excelencia: “Je t’aime… moi non plus” (Yo te amo…Yo tampoco). Los amigos del instituto nos volvimos locos con aquello. Nuestra imaginación se excitó con las imaginables consecuencias nocturnas. Obviamente no la cosa no dio para más. Con nuestros quince años y la estricta separación de sexos con la que la dictadura regía nuestras vidas solo podíamos aspirar a una más que agitada noche soñando con Jane Birkin. Así fue nuestra adolescencia.

La compañía discográfica española, Fonogram, que editó la canción pidió la obligatoria autorización. El censor vio la letra, no entendió aquello de “Entre mis riñones tú vas y vienes” y no escuchó la interpretación, ¿para qué si ya había leído la letra? y otorgó su visto bueno. Cuando se escuchó la canción en la radio, el Ministerio de Información y Turismo (que entonces dirigía Manuel Fraga , ese gran demócrata) se apresuró a prohibirla. En las tiendas ya se habían vendido 100.000 ejemplares y los vendedores escondieron las escasas copias que quedaban. En el rastro madrileño se vendían bajo cuerda a un precio sensiblemente superior. Al éxito de “Je t’aime… moi non plus” contribuyó también el Vaticano que denunció su “amoralidad” y excomulgó al ejecutivo de grabación que la lanzó en Italia. Lo prohibido siempre se ha vendido bien.

Para redondear la historia Brigitte Bardot, el gran mito sexual de aquellos años, también tuvo su papel: Serge Gainsbourg había grabado originalmente el tema con ella pero, el entonces marido de la Bardot, un alto ejecutivo de Playboy, no vio “con agrado” la relación de su mujer con Serge Gainsbourg y, “para evitar suspicacias” no se publicó esa versión hasta bastantes años después.

¿Cómo un tipo tan feo pudo tener tanto éxito con aquellas bellezas? Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Como colofón, el arreglo musical de “Je t’aime… moi non plus” parece claramente “inspirado” en un tema que llegó en 1967 a lo más alto de las listas: “A Whiter Shade of Pale” de Procol Harum. Juzgad vosotros mismos.

Quiero agradecer a Radio Gladys Palmera y a Banana Media sus posts en los que he recogido mucha información para escribir estas líneas.

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Eurovisión, La la lá y el Chiki Chiki

Sólo dos veces en mi vida he mirado con interés lo que pasaba con el festival de Eurovisión: Cuando el lío del La la lá y el año del Chiquilicuatre. Y lo hicieron por motivos que nada tenían que ver con la música.

En 1968 la dictadura quería presentar una cara amable ante Europa y eligió a Joan Manuel Serrat para representarnos en el festival de Eurovisión. Entonces Serrat era joven, 26 años, tenía gran predicamento en la población femenina y encarnaba aquello que se llamó “la canción protesta”.

La llamada “Gauche Divine” de Barcelona le presionó para que no lo aceptara. Para ellos era una traición al catalanismo, una bajada de pantalones ante la dictadura y una concesión a intereses comerciales. Serrat propuso cantar en catalán, aunque fuera sólo una estrofa, y la reacción del régimen fue sustituirle por Massiel.

Todo lo que fuera molesto para la dictadura ya me resultaba atractivo, aunque yo sólo tuviera catorce años. Le miré con simpatía y recibí con el corazón partido el único triunfo de España en Eurovisión.

Cuarenta años después, en el 2008, Buenafuente presentó como candidato para representar a España en Eurovisión a un cómico de su programa, Rodolfo Chikilicuatre (David Fernández), con una canción con letra de Santiago Segura y música de Pedro Guerra. La canción, “El baile del Chiki Chiki” barrió en votos y fue elegida como representante de España. Participó tocando una guitarra de juguete y acompañado por unas bailarinas de pega. Una de ellas era Silvia Abril interpretando a Gráfica, bailarina torpe vestida de rosa.

Rodolfo Chikilicuatre logró unas espectaculares cifras de audiencia: 13,9 millones de españoles, vimos su actuación (yo desde un bar esperando para entrar en un cine) y un 78,1% de cuota de pantalla. Aunque en el festival consiguió algún abucheo y un decimosexto puesto. En cualquier caso mejoró notablemente los resultados de años anteriores. Aquella democrática burla a un festival muy casposo me encantó.

Mientras que escribo estas líneas se celebra el festival de Eurovisión 2021. No lo estoy viendo pero antes de colgar esta entrada miraré como ha quedado nuestro representante, Blas Cantó, del que ignoraba su existencia y que interpreta una canción que no creo haber escuchado nunca y que, a través de “San Google” se que se llama “Voy a quedarme”.

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Agapimú y Zorba. Recuerdos de un viaje por Grecia

En el verano del 80 Ella y yo viajamos a Grecia. Realmente era un viaje en autobús que recorría Bulgaria, Grecia y Turquía. Un viaje lleno de recuerdos e historias culminado, en Turquía, con un golpe de estado, en vivo y en directo.

La memoria musical de aquel viaje tiene dos sellos: Agapimú y Mikis Teodorakis. Era la música que sonaba en el autobús para ambientarnos. Entre las anécdotas más tontas del viaje, unas chicas del grupo quisieron congraciarse con una camarera en un hotel y le cantaron Agapimú (agapi mou), que significa ‘amor mío’ en griego. Aquello originó un, incómodo para ellas y risible para los demás, malentendido.

Casualidades de la vida, cuarenta años después de aquello, este verano en plena pandemia, se viralizó un vídeo montado sobre Agapimú y cantado, con mucho sentido del humor y toda la profesionalidad del mundo, por la propia Ana Belén.

Parece que el grupo “Ojete Calor”, integrado por Carlos Areces y Aníbal Gómez, convenció a Ana Belén para grabarlo poco antes de comenzar el confinamiento y lo grabaron, pasado el famoso 14 de marzo, desde sus respectivos domicilios. Nos regalaron a todos una bocanada de aire fresco durante el encierro.

“Agapimú” originalmente fue cantada por la italiana Mia Martini en 1974. Luis Gómez Escolar la adaptó y la “sazonó” para que, con una letra mucho más sugerente, la interpretase Ana Belén.

Pero no me quiero olvidar de Mikis Teodorakis que compuso un tema inolvidable que nos acompañó en el autobús bordeando el convertirse en pesado. Era “Zorba el Griego”, probablemente cualquier otro tema se hubiera convertido en insoportable.

El baile de Alexis Zorba y Basil, Anthony Quinn y Alan Bates, engancha. Es un Sirtaki que, para mi sorpresa cuando lo he buscado en la Wikipedia, se trata de una danza de origen griego creada por Giorgos Provias, en 1964 para la película Zorba el Griego. Así lo cuenta Anthony Quinn: no podía bailar porque tenía un problema en la rodilla y se le ocurrió arrastrar la pierna para poder ejecutar los pasos de la danza.

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Me gusta Madrid

Me he tenido que rendir a las malas pasadas de la memoria. Cuando canto “Me gusta Madrid” mis recuerdos me traen una película de los años 60, en color, en la que una niña, juraría que Marisol, cantaba aquello en un descapotable rojo que circulaba por la calle de Alcalá junto a las verjas de El Retiro. No encuentro ninguna mención de esa escena o esa versión. Google, Wikipedia y YouTube no han sido capaces de ayudarme, quizás alguno de vosotros pueda.

Lo que en esos sitios encuentro, contradiciendo lo que no se si es un recuerdo inventado, una ensoñación, o que internet me está jugando una mala pasada, es que la canción la compuso Antonio Areta – no lo pongo en duda – autor del “Vamos a la cama” inseparable de la memoria musical y televisiva de la infancia de mi generación.

Imaginando niñas actrices que la pudieran haber cantado he buscado a Ana Belén, que lo fue, pero que la cantó ya adulta. Una hermosa versión, aunque no refleja la alegría infantil que yo recuerdo y no encuentro. Encuentro algunas versiones más en YouTube pero ninguna es la que busco y no merecen la pena tanto como las que os he mostrado. Incluso hay una versión de Marta Sánchez cantada en la Puerta del Sol una noche de fin de año.

En cualquier caso, Madrid es la ciudad en que he nacido, vivido, enamorado, tenido hijos, trabajado, penado, sufrido, cantado,… Conozco muchas de las ciudades que menciona la canción, pero es en Madrid donde soy feliz, me gusta, me gusta Madrid.

Me gusta Madrid, al amanecer,
me gusta Madrid, como me gusta Madrid.
Al atardecer, al anochecer,
me gusta, me gusta Madrid.

Adoro Paris, admiro Berlín,
me encanta New York,
me gusta Roma un horror,
pero este Madrid
donde soy feliz,
me gusta, me gusta Madrid.

En Madrid la calle ríe
y en el alma brota una canción,
siempre es como en primavera
y hasta el aire parece ilusión.

Viví en Estambul,
de allí fui a Japón,
pasé por Hong Kong
y aguardo la sensación
pero es en Madrid
donde soy feliz,
me gusta, me gusta Madrid.

Me gusta Madrid, al atardecer,
me gusta Madrid,
como me gusta Madrid,
al atardecer, al anochecer,
me gusta, me gusta Madrid.

Pero es en Madrid
donde soy feliz,
me gusta, me gusta Madrid.

En Madrid la calle ríe
y en el alma brota una canción,
siempre es como en primavera
y hasta el aire parece ilusión.

Viví en Estambul,
de allí fui a Japón,
pasé por Hong Kong,
y aguardo la sensación
pero es en Madrid
donde soy feliz,
pero es en Madrid.
Por eso me gusta, me gusta…
Madrid

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Casablanca, música y frases para el recuerdo

Casablanca dejó huella en mis recuerdos a través de su música, sus frases y la historia que cuenta. Un recuerdo regado por sus múltiples reposiciones en televisión y por la cantidad de Rick´s Café que me he ido encontrando en muy dispares lugares. Alguno lo frecuento todavía, cerca de casa de mi hijo mayor. Ninguno se parecía ni se parece mínimamente al original que nunca existió ni tan siquiera como plató. Parece que eran tres sets distintos y no conectados entre sí.

“As time goes by. You must remember this, a kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh, the fundamental things apply, as time goes by”. (Debes recordar esto, un beso es solo un beso, un suspiro es solo un suspiro, las cosas fundamentales se aprecian, a medida que el tiempo pasa). “As time goes by” es lo primero que a todos se nos viene a la cabeza. La interpretó Arthur Dooley Wilson en el papel del pianista y amigo de Rick´s, Sam. Junto con el himno francés, “La Marsellesa” forma la base sonora de la película. Un contrapunto que preside el guion, entre lo romántico y lo patriótico; lo estético y lo épico.

Porque es una historia de amor, también una historia de lucha y resistencia y una historia de un personaje tan descreído que no cree ni en si mismo. Una historia que ha dejado frases para el recuerdo:

“I think this is the beginning of a beautiful friendship…” Este será el comienzo de una gran amistad. Una frase que ha firmado extrañas alianzas contra natura con “compañeros de viaje” a los que nunca nos hubiéramos aproximado y, quizás, nunca debimos hacerlo.

“We’ll always have Paris” Siempre nos quedará París. Una broma recurrente entre Ella y yo.

“The Germans wore gray. You wore blue” Los alemanes vestían de gris y tu vestías de azul. Tantas veces se lo he dicho a Ella cuando se viste con su color favorito, el azul.

Ilsa Lund y Rick Blaine, La Bergman y Bogart, recordaban su vida en común en París y un baile al son de “Perfidia”. Un escape al cordón musical de una banda sonora presidida y dominada por “Time goes by” y “La Marsellesa”. No es la única. Otra canción más, interpretada por Dooley Wilson, “It had to be you, shine” rompe ese leit motiv.

Pero os dejo con otra versión de “It had to be you, shine”, la de Billie Holiday. Su voz y su forma de cantar convierten esa canción en un tema de otra dimensión. Muy superior.

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