Sin categoría

Amistad

Sex and the city, Friends y Big Bang Theory son cantos a la amistad de una gente muy distinta de mi, de una generación que no es la mía, en un país que no es el mío y, con estilos de vida con los que nada tengo ni he tenido que ver. Sin embargo reconozco esas series como lo que son, cantos a la amistad.

El grupo de amigos de mi adolescencia tuvo que ver con el nacimiento del grupo de amigos de mi juventud pero fueron distintos. Ya entonces muchos de ellos se perdieron, los perdí, en aquellos pasos. Al final la vida te va llevando y tu te dejas llevar. En el camino, se pierde gente que siempre lamentarás haber permitido que se perdiesen porque, no disimules, los perdiste tu. Los perdí yo. En el final de mi juventud repetí viejos errores.

Esas series también terminan con una separación del grupo: con una separación que lleva a los personajes a distintos caminos vitales. Uno siempre imagina reencuentros, los productores también, pero les da miedo que no sean creíbles o que no casen con las expectativas de sus públicos . El futuro acaba perteneciendo al pasado, también en la ficción.

Afortunadamente las redes sociales me han permitido reencontrar a unos poquitos amigos de adolescencia y juventud: mi amigo PC, al que conocí con diez añitos y era uno más en casa a la hora de merendar, un hermano; mi amiga P y J que fueron pareja, se casaron, se separaron y hoy son amigos y padres de dos chicos maravillosos a los que he podido conocer. Y maravilla de las maravillas, los más de cuarenta años pasados desde nuestros últimos encuentros no han conseguido borrar la sensación de que sólo habían pasado unos días desde nuestro último encuentro.

No les volveré a perder. Es una promesa solemne. Porque he tenido la enorme fortuna de tener una segunda oportunidad y quiero creer que he aprendido a conducir mi vida. Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Quizás te guste ver otras entradas:

Sin categoría

In the ghetto

1969, tenía quince años, mis gustos musicales se iban conformando mientras que mi conocimiento sobre lo que los mayores llamaban “música moderna” era muy primario, binario, me gusta o no me gusta, muy ecléctico y absolutamente carente de conocimiento previo. Se llama adolescencia. Un día, en casa de mi amigo J… escuché en la radio que un tal Elvis Presley, de quien lo desconocía todo, volvía a la actualidad; y sonó “In the ghetto”.

Tanto énfasis hacía el locutor sobre la importancia del tal Elvis que, aunque “In the ghetto” me pareció una balada grandilocuente, sin garra, sobada y sabida que no me sonaba a nueva, me interesé sobre quién era Elvis y qué significaba realmente. Entonces descubrí al Elvis de sus primeros años, al que empezó con aquello del rockabilly, ese “Elvis the pelvis” que con sus movimientos sincopados y tocando “música de negros” escandalizó a la biempensante sociedad blanca de los Estados Unidos. Eso ya era algo muy distinto que, de verdad, molaba.

De algún modo sigo en la dicotomía “me gusta, no me gusta”, menos intolerante eso sí, aunque sigo pensando que aquel Elvis gordo y carrozón (no deja de ser una definición que ahora se me podría aplicar a mi mismo) no era ni la sombra de lo que fue. Por eso, algo querré decir, me viene a la cabeza que uno de los recursos típicos de cualquier relato es el contrapunto cómico y, aunque sea tópico, en este caso viene al pelo. Gracias Gomaespuma.

Quizás te guste ver otras entradas:

Sin categoría

Los “ruidos” de un verano en mi adolescencia (pongamos que hablo de 1970)

En mi adolescencia, en el paso de los años 60 a los 70, veraneaba, por supuesto en familia, en la playa de Gandía. Tuve una adolescencia sosa y mis recuerdos de entonces son sosos. Recuerdo largas mañanas de playa; la cabaña de cañas que nos hicimos para huir de la sempiterna vigilancia de los padres; el cine de verano; la ¿música? de las fiestas nocturnas de los hoteles y mucho ruido. Seguro que hay gente de mi edad que disfrutó aquello. Yo no lo voy a pintar como un infierno pero tampoco como algo divertidísimo. Era lo que se despachaba en una familia de clase media en aquella España gris.

Cerca del apartamento familiar había un hotel que tenía baile todas las noches. Su fin de fiesta, invariablemente, consistía en una magistral interpretación de “Los hermanos Pinzones”. Con aquel hit mantenían el nivel que marcaba su baile más repetido:

El fin de fiesta daba paso a un continuo trasiego de vespinos sin silenciador que amenizaban la noche con ayuda de los mosquitos. Un adolescente como yo debía estar en casa tras la cena (eso de las largas noches de verano en mi casa no iba más allá del cine al aire libre). Había que dormir. Al día siguiente te despertaba el “camión del tapicero”. Si. ese mismo que, con la misma grabación has podido oír en estos días en el pueblo o la playa en que veraneas.

Mi gran aliciente era el cine. Durante todo el año teníamos que estar en casa antes de cenar o, siendo tolerantes, a las diez de la noche. En verano podías ir al cine de verano con los amigos (muy probablemente con papá y mamá unas butacas más allá) y regresar en cuanto acababa la película. Una película que, en muchos casos, ya habías visto pero, eso no te importaba.

Y no pierdo de vista que yo tenía la fortuna de que, cada año, podía ir de veraneo a la playa. La pena es que esa España estaba pensada para la mediocridad y la falta de imaginación. Quienes entonces, quizás no sabíamos qué, pero queríamos más, quienes queríamos otras cosas, otros horizontes,… recordamos aquello con la sensación de que nos robaron la juventud.

Quizás te guste ver otras entradas:

Sin categoría

Ghost, mi reencuentro con las viejas canciones de amor

En la tele han vuelto a poner “Ghost”. Hacía mucho tiempo que no la veía y me he quedado un rato con ella (En teledeporte había Tour de Francia y, quienes me leéis habitualmente sabéis que en mi el ciclismo manda). He recordado que cuando vi la película, año 90 o 91, comenzaba de nuevo a poder disfrutar de tiempo para recuperar aficiones. Mis hijos ya no eran bebés ávidos de todo nuestro escaso tiempo libre.

La «Unchained Melody» (en español, Melodía desencadenada) despertó en mi memoria temas entonces por mi olvidados, temas preciosos que había escuchado en algún momento durante mi infancia o adolescencia y que tenía arrumbados en algún lugar de mi memoria musical que aquella película ayudó a reactivar.

Temas lentos, un punto melancólicos, para susurrar al oído en un baile siempre soñado en la adolescencia y nunca entonces vivido. Temas que pueden parecer pasados de azúcar pero que me siguen gustando. Temas como “Blue Velvet”

Smoke Gets in Your Eyes” Una más de esas canciones que te invitan a bailar en la intimidad aunque bailar sea prescindible.

“Love me tender” No podía faltar el Rey en esta cita y no faltó.

“Stand by Me” When the night has come, and the land is dark, and the moon is the only light we see. No, I won’t be afraid. Oh, I won’t be afraid. Just as long as you stand, stand by me. Porque yo siempre he necesitado que Ella estuviera a mi lado.

Quizás te guste ver otras entradas:

Sin categoría

La canción del verano

El abajo firmante no hubiera canturreado públicamente ni hubiera confesado hacerlo ninguna de esas canciones en mis años de adolescencia y primera juventud. Uno tenía un prestigio que defender… Lo cierto es que, con el tiempo, descubres que las sigues recordando, que te sabes las letras y que sonríes si las cantas. Seguro que os ha pasado a muchos de vosotros. Comienza el verano y te llegan los ecos de esas canciones machaconas y divertidas.

La Wikipedia dice: “La canción del verano es aquella que más impacto mediático causa en la sociedad durante los meses de verano. Suele tratarse de canciones con estribillos pegadizos, muy bailables, y son las más difundidas con diferencia en todos los medios de comunicación audiovisual, así como en bares y discotecas. No existe ningún organismo que las designe oficialmente; las canciones del verano son denominadas como tales por los medios de comunicación. La fórmula radica en una receta sencilla: Un estribillo fácil de aprender; un baile sencillo de realizar y, por supuesto, una melodía tan pegadiza que no será fácil de olvidar”.

Aquellos años veraneaba en Gandía y “no me comía un rosco””. Me viene a la memoria la imagen de repetidos paseos vespertinos por la arena de la playa, imaginando aventuras amorosas que nunca llegaban y sintiendo absolutamente ajenas las canciones del verano. Tanto por su estilo como por las cosas que contaban.

“Una lágrima cayó en la arena” de Peret, triunfó en el 68. En el 69 fue “María Isabel” de Los Payos la que rompió la pana. El año 70 “Un rayo de sol” de Los Diablos marcó el verano y, en el 73 “Eva María se fue buscando el sol en la playa” con Fórmula V.

No podía faltar el intemporal Georgie Dann, omnipresente, verano tras verano, desde mi más temprana adolescencia hasta mi senectud. Una máquina engrasada para triunfar cada verano.

Quizás te guste ver otras entradas:

Sin categoría

Ob-La-Di, Ob-La-Da. La vida sigue porque vivir es fácil con los ojos cerrados

Usaba minifalda y tenía unos muslazos tremendos. Yo tenía 15 años y ella era nuestra profe “nativa” de inglés en el instituto. Creo que ninguno de sus alumnos (en aquellos años las clases ni soñábamos en que fueran mixtas) la mirábamos sin dejar volar la imaginación. Y sin la menor perspectiva de otra cosa. Eso sí, utilizaba un método que a todos nos enganchó al inglés. Nos enseñaba a entender las letras de los Beatles. Mucho inglés no aprendí pero, muchos años después tuve una conversación con un cliente alemán utilizando trozos de aquellas canciones. Seguro que mi amigo P se acuerda. Nos reímos muchísimo de nosotros mismos ese día.

La primera canción que nos enseñó fue “Ob-La-Di, Ob-La-Da”. Un tema alegre que, quienes sabían tocar la guitarra aunque fuera de oído, la sacaron enseguida. Dicen los expertos que fue un tema precursor en la fusión del raggae y el pop. Lo compuso Paul McCartney. Lennon decía de ella que era «mierda para abuelas de Paul» pero, sin embargo, la entrada rápida y alegre del piano fue obra del propio John Lennon. Aún así “ha sido declarada la canción pop perfecta. Es a la conclusión a la que han llegado varios investigadores del Instituto Max Planck en Alemania después de analizar varios temas de este estilo”. Incluso hay quien afirma que luego ha sido plagiada por otros grupos. ¿Estáis de acuerdo?

La idea de utilizar la música de los Beatles para enseñar inglés no era original de aquella chica. Pero eso no quita ni un ápice del buen recuerdo que de ella tengo y no sólo por sus muslos (que también) sino porque fue la primera profesora de inglés que consiguió que me interesase por aprenderlo. Lamentablemente no recuerdo su nombre. Cosas de la adolescencia y el machismo inherente a la educación recibida. Yo también soy culpable.

La película “Vivir es fácil con los ojos cerrados” cuenta la historia de como Juan Carrión Gañán, un profesor de inglés en el Albacete de 1966, decide viajar a Almería, dónde John Lennon rodaba la película “Cómo gané la guerra”, para pedirle que corrigiera las transcripciones de las letras de los Beatles que sus alumnos habían hecho y que, en adelante, sus discos incorporaran la letra de las canciones. Consiguió las letras y que los discos de los Beatles las incluyeran.

Un ejemplo que aquella chica siguió quizás sin conocer la historia. Un recuerdo cariñoso para ella.

Quizás te guste ver otras entradas:

Sin categoría

“Je t’aime… moi non plus” (Yo te amo…Yo tampoco)

El 69. No podía ser otro año. En 1969 se publicó el disco sexi por excelencia: “Je t’aime… moi non plus” (Yo te amo…Yo tampoco). Los amigos del instituto nos volvimos locos con aquello. Nuestra imaginación se excitó con las imaginables consecuencias nocturnas. Obviamente no la cosa no dio para más. Con nuestros quince años y la estricta separación de sexos con la que la dictadura regía nuestras vidas solo podíamos aspirar a una más que agitada noche soñando con Jane Birkin. Así fue nuestra adolescencia.

La compañía discográfica española, Fonogram, que editó la canción pidió la obligatoria autorización. El censor vio la letra, no entendió aquello de “Entre mis riñones tú vas y vienes” y no escuchó la interpretación, ¿para qué si ya había leído la letra? y otorgó su visto bueno. Cuando se escuchó la canción en la radio, el Ministerio de Información y Turismo (que entonces dirigía Manuel Fraga , ese gran demócrata) se apresuró a prohibirla. En las tiendas ya se habían vendido 100.000 ejemplares y los vendedores escondieron las escasas copias que quedaban. En el rastro madrileño se vendían bajo cuerda a un precio sensiblemente superior. Al éxito de “Je t’aime… moi non plus” contribuyó también el Vaticano que denunció su “amoralidad” y excomulgó al ejecutivo de grabación que la lanzó en Italia. Lo prohibido siempre se ha vendido bien.

Para redondear la historia Brigitte Bardot, el gran mito sexual de aquellos años, también tuvo su papel: Serge Gainsbourg había grabado originalmente el tema con ella pero, el entonces marido de la Bardot, un alto ejecutivo de Playboy, no vio “con agrado” la relación de su mujer con Serge Gainsbourg y, “para evitar suspicacias” no se publicó esa versión hasta bastantes años después.

¿Cómo un tipo tan feo pudo tener tanto éxito con aquellas bellezas? Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Como colofón, el arreglo musical de “Je t’aime… moi non plus” parece claramente “inspirado” en un tema que llegó en 1967 a lo más alto de las listas: “A Whiter Shade of Pale” de Procol Harum. Juzgad vosotros mismos.

Quiero agradecer a Radio Gladys Palmera y a Banana Media sus posts en los que he recogido mucha información para escribir estas líneas.

Quizás te guste ver otras entradas:

Sin categoría

Johnny Cash, I walk the line, Ring of fire

Mi gran amigo de la adolescencia, junto con el que fui descubriendo la música y muchas cosas más me puso el disco “At San Quentin” de Johnny Cash, un descubrimiento que nunca he olvidado. La capacidad de trasmitir que demostraba en aquel concierto. Una capacidad que llegaba a través de los surcos del vinilo hasta dos chavales de catorce o quince años, de clase media, tan distintos de aquellos presos pero con la misma capacidad de entusiasmo por algo que sonaba a libertad.

De aquel disco me ha acompañado siempre una canción, “I walk the line” la voz, su sencillísima instrumentación, limpia, un ritmo base, batería y bajo y un enorme poder para llegar a lo más adentro de cada uno. @guxlar colgó un post describiendo el tema y su creación. Johnny Cash, “Man on black”, el gran exponente del Country, USA por los cuatro costados. He oído, pero no sé si es cierto, que era ultraconservador,… Me quedo con su voz y con su música que le hicieron grande.

Con “Ring of fire” me ha pasado siempre lo mismo. Alguno podría decirme que suenan casi iguales, que sólo suenan distintas gracias a esas trompetas mejicanas que marcan su personalidad. Es posible y, quizás, por eso me gustan. Quizás porque siempre me han gustado las canciones intimistas y sencillas. Podría escucharlas durante horas para desesperación de quienes me rodean. Edri Alexander cuenta la intrahistoria de esta canción.

Os dejo con “Hurt” una canción grabada en la recta final de su vida, una canción triste e íntima que termina con una estrofa que suscribo: “Si pudiera empezar de nuevo. Un millón de millas de distancia. Me gustaría seguir siendo yo, encontraría una manera”.

Quizás te guste ver otras entradas:

Sin categoría

Cóctel “Black is Black” para Brad Pitt y los chicos con las chicas

El “Black is black” de Los Bravos fue de los primeros singles en entrar en mi casa. Los Bravos me parecían mucho más modernos que los llamados Beatles españoles, los Brincos, (que me siguen gustando y continúo cantando sus temas). Toda época y toda edad, incluidos los doce años en los 60, tienen su postureo. Y yo , como todos, he postureado mucho. Pero eso no quiere decir que Los Bravos realmente no me gustasen y tampoco que ya no me gusten. Me gustan. Music Adictus cuenta bien ese corazón partido.

Recuerdo ir al cine con los amigos y algunas chicas para ver aquella película de “Los chicos con las chicas”. Ya se que he utilizado dos categorías distintas, amigos y chicas, pero a esa edad y en aquel ambiente de separación de sexos en ellas no buscábamos amistad, buscábamos otra cosa que nunca encontré. Ellas no querían eso y nosotros no sabíamos entenderlo.

De aquella película recuerdo especialmente “Al ponerse el sol” Una letra divertida que he cantado muchas veces y una acampada de amigos a su aire, sin chicas, que refleja bien las pobres aspiraciones de mi primera adolescencia: una acampada que nuestras madres no nos permitirían y en la que ni soñábamos que pudiera haber chicas.

“Quiero una motocicleta que me sirva para correr y quiero una camiseta que tenga el número 100” cantaba aquel guapo que tenía pinta de ligar mucho. Letra pensada para adolescentes soñadores de lo que entonces eran imposibles y que nosotros cantábamos con mucha fe.

“A la vejez viruelas”. Hace un par de años vimos a Brad Pitt, al volante de un Chevrolet de los 60, escuchando “Bring a little lovin” mientras seguía el ritmo con la cabeza y los recuerdos se dispararon. Y con el recuerdo el tonto orgullo de lo nuestro. Orgullo porque eso era y tonto porque luego hemos sabido y “El rincón de Ana” ha contado que quienes realmente grabaron aquello fueron músicos de estudio en Londres (se dice que entre ellos estaban algunos miembros de lo que luego fue Led Zeppelin) y cantaba un holandés, Mike Kennedy, que hablaba muy bien inglés y mal el español pero que aquí se ganó los garbanzos o lo que comiera.

Tarareando “Black is black” me viene a la cabeza aquello de Jesús Gil “Black is black and white is white” pero me da tanta vergüenza ajena que prefiero no recorrer aquí ese camino, dejando en paz a mis amigos del Atleti. Patanes hay en todos los sitios y llevan camisetas de todos los colores.

Quizás te guste ver otras entradas:

Sin categoría

La perla de Janis Joplin

Ella y yo compartimos mucho, incluso antes de conocernos. Tanto para Ella como para mi “Pearl”, el último disco de Janis Joplin resultó especial y, entonces, ni nos conocíamos.

Lo escuchaba y no lo entendía. Mi amigo R mantenía que Janis Joplin sólo gritaba. Me lo decía quien me había descubierto a Cream. Mientras, en la misma ciudad, sin tener noticia mutua de nuestra existencia, Ella y su amiga I cantaban compulsivamente los temas de aquel disco.

@guxlar cuenta que Pearl, en español: Perla, es el segundo y último álbum de estudio de Janis Joplin como solista. Fue lanzado de forma póstuma por Columbia, el 11 de enero de 1971, apenas tres meses después del fallecimiento de Joplin. Dos de sus canciones siempre me han gustado especialmente. Probablemente las que más me han gustado de Janis.

Mis colegas de “El octavo día” cuentan que el 2 de octubre de 1970  Janis Joplin entró al estudio por última vez y grabó, en una sola toma, ‘Mercedes Benz’, una canción a cappella y contra el consumismo. Janis le pedía a Dios que le demostrase su amor comprándole cosas. Finaliza diciendo “That’s it!”. Murió tres días después.

“Me And Bobby McGee” fue compuesta por Fred Foster y Kris Kristofferson con quien Janis tuvo un romance aunque el tema no fue fruto del mismo. Ismael Ortiz escribió en su blog que la canción cuenta “las aventuras de un viaje en carretera de dos amigos, o quizá amantes, con poco dinero y un recorrido por emociones y estados de ánimo”.

Janis tuvo una vida difícil que ya han contado muy bien otros blogueros. Sergio Montalvo, con los audífonos puestos, lo hizo 50 años después de morir Janis; Alfredo Rosso la definió como “un huracán de emociones y convicción”, mientras que Sergio Murillo en “El Generacional” comenzó su nota biográfica contando los minutos previos a la salida de Janis al escenario de Woodstock. Finalmente las contestaciones a la entrevista publicada por Jazzología aportan un excelente retrato de ella.

Quizás te guste ver otras entradas: