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A media luz

El tango era la música preferida de mis padres. Presumían de bailarlo bien y, en cualquier caso, es lo único que recuerdo verles bailar. Mi padre, cuando estaba absorto en sus cosas canturreaba y “A media luz”. Uno de los tangos que más asocio a su memoria.

Visité Buenos Aires. Mi padre ya había fallecido. Su recuerdo me llevó a “Corrientes 348”. ¡Que decepción! Era un garaje, “sin portero ni vecinos” pero, sin “segundo piso ascensor”. Allí, en medio de la calle, un “gallego” idiota (yo mismo) lloraba sin consuelo rememorando tantos momentos de su infancia.

“Adios muchachos” era otra de sus favoritas. Un día en un restaurante madrileño, “El viejo almacén de Buenos Aires” pedí que tocasen ese tema y me dijeron que no era posible. Al parecer, me contaron, era el último tango que había cantado Carlos Gardel y, desde entonces hay una superstición acerca de ese tema… Es posible, sabiendo lo mitómanos que son los argentinos, que así sea.

Otro día volveré sobre otro tango: “Volver”

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