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Jamala, Ucrania, 1944: «No pude pasar mi juventud aquí, porque os llevasteis mi paz»

Nunca he sido un forofo del Festival de Eurovisión, más bien todo lo contrario, como habéis podido leer cada vez que ha cuadrado hablar de él en este blog. Lo cierto es que siempre ha dado motivos para la conversación, la escritura y, por supuesto la risa.

En el 2016 una chica ucraniana, Jamala, consiguió el primer puesto del festival con una canción, «1944», cantada en tártaro y en inglés, que hablaba sobre la deportación de los tártaros de Crimea, ordenada por Stalin en 1944, Cuenta la historia de la bisabuela de Jamala que sufrió esa deportación mientras que su marido luchaba contra los nazis en el «ejército rojo» bajo las órdenes del mismo dictador que los expulsaba de su tierra, una tierra machacada por dos bestias asesinas, Hitler y Stalin.

«No pude pasar mi juventud aquí, porque os llevasteis mi paz» es el estribillo de la canción y es, además, una frase que Jamala recuerda haber escuchado a su bisabuela Nazylkhan y que, ahora, ella misma lo puede cantar en primera persona. Y lo hace desde un programa, «Germany 12 points», de la televisión alemana, un previo al próximos festival de Eurovisión. También ella ha tenido que huir de Ucrania, con sus hijos mientras su marido se queda a luchar. La misma historia. Son víctimas de otro perro de la guerra, Putin, que parece querer emular a Hitler y Stalin.

Ayuda a Ucrania.

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La Gala de fin de año en el pasado. Feliz futuro

Hacía poco más de un mes que había muerto el dictador. Ya hacía tiempo que yo vivía por mi cuenta y, por supuesto, no se me pasaba por la cabeza pasar la noche de fin de año viendo la tele con papá y mamá. Ya no recuerdo que hice el fin de año de 1975. Seguro que lo pasé con mis amigos. Seguro que soñamos en voz alta con el final de la dictadura. Y seguro que cantamos al futuro con himnos revolucionarios que nada tendrían que ver con las músicas del programa de la televisión única.

Aquel programa de fin de año, realizado por Valerio Lazarov, lleno de movimientos espasmódicos de cámara era todo un testigo de lo que era la España Oficial. Todo un tratado de arqueología sociológica. Actuaron los payasos de la tele, Gaby, Fofó y Miliki; Mocedades, Peret, Mari Carmen y sus muñecos, Luis Aguilé, Antonio Machín, el bailarín Antonio, Paca Gabaldón, Camilo Sesto, Ballet Zoom, Manolo Escobar, Juan Erasmo Mochi, Doctor Pop, Tip y Coll, Carmen Flores, Maruja Garrido, Dolores Vargas, Marujita Díaz, Lola Flores, Andrés Pajares, Miguel Ángel, Karina, Los Chichos, Ágata Lys, Georgie Dann, José Domingo Castaño, Demis Roussos, Ángel de Andrés, Juan Bau, Didi Sherman, Elsa Baeza, Los Diablos, Noel Soto, Los Chorbos, María José Prendes, Waldo de los Ríos, Massiel, Juan Carlos Calderón, Johnny Mathis, Juan Pardo, Paco de Lucía, Bárbara Rey, Augusto Algueró, Micky, Paloma San Basilio y Fernando Esteso. Ni una sola de las voces comprometidas con el final del franquismo estaba presente.

Desde una España afortunada y radicalmente distinta de aquella os deseo un futuro en el que vuestra realidad y vuestros sueños sean tan distintos y distantes de la actualidad como hoy lo estamos de la de aquel lejanísimo 1975. Feliz año nuevo, feliz futuro para todos.

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¿Qué pasará, qué misterio habrá?

Hace unos días estaba escuchando la radio y oí a Jordi Évole deshacerse en alabanzas hacia Raphael. Me llenó de sorpresa que alguien joven, quizás sólo relativamente joven, quizás simplemente más joven que yo, elogiase a quien para mí es el paradigma de «la caspa».

Era yo un crio de once años (1965 – 66) cuando mi tía me contó su entusiasmo por un tal Raphael y, para fundamentarlo, me puso «El Tamborilero». El individuo era el favorito de Carmen Polo de Franco, la mujer del dictador. Su foto cantando ante «la collares» mientras que ella le sonreía arrobada «a todo diente» ante aquel tipo que estiraba el brazo como desenroscando bombillas terminó de convencerme: aquel tipo no me iba a gustar nunca. Si ya estaba anticuado siendo yo un niño.

Para mi sorpresa en aquel programa de radio con Évole se recogía una grabación, hecha a la entrada de una actuación de Raphael en el Palau de Sant Jordi, en la que unas chicas pedían «un hijo suyo» y afirmaban que se lo tirarían. ¡Y parecían jóvenes!… Definitivamente no entiendo nada. Debo ser muy mayor, me he quedado anquilosado y es Raphael quien entiende los nuevos tiempos y a esas nuevas generaciones que a mí me suenan a «Nuevas generaciones». No entiendo a Évole.

¡¡¡60 años en los escenarios!!!

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