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Paquito El Chocolatero quiere celebrar el año nuevo en Viena

Esta mañana mi amigo P, músico aficionado y, sobre todo, buen tipo, me ha enviado este vídeo que me ha encantado. Me gustaría que fuera real y no un montaje pero, sirve para soñar. Soñar en que nuestro «Paquito El Chocolatero» haga marca España en Viena con su Filarmónica bajo la batuta de Pablo Heras Casado (Ella me lo sugiere y sabe muchísimo más que yo de estas y otras muchas cosas).

El vídeo lo ha colgado en Instagram @nopuedotengoensayo No sé si es obra suya o de otra persona pero, ¡¡¡Enhorabuena!!!

Os contaba el pasado mes de marzo que «Paquito el Chocolatero» ha roto fronteras. En Toulouse trataron de convencer a mi hijo menor que ese pasodoble era música popular autóctona del sur de Francia. Y así la sentían aquellos gabachos, orgullosos de «sus tradiciones» Sigamos rompiendo fronteras.

El año pasado escribía que, para mi, «Sin Marcha Radetzky no hay Año Nuevo» Solo cuando suena me creo que, de verdad, que es Año Nuevo. Feliz año y, como seguro que habéis sido buenos, que os traigan los Reyes Magos un montón de regalos.

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La última gira de Serrat

En estos días ha anunciado que la próxima será su última gira de conciertos: «EL vicio de cantar 1965-2022». No abandona la música, dice. No dejará de componer, dice. Ha sonado a fin de ciclo y el Gobierno se ha apresurado a concederle la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio «por su brillante carrera y contribución a la cultura». Es la máxima distinción que se otorga a quienes no son jefes de Estado o Altas Instituciones.

No es la primera vez que aquí escribo sobre las vivencias que asocio a su figura. Como le pasa a casi toda mi generación forma parte de mi banda sonora y, más allá, acompaña mis recuerdos y pone música a mis ideas, «Lo + mío». He echado de menos a esos clásicos «españoles de pro» que aprovechan estas ocasiones para sacar a relucir sus fobias a todo cuanto suena a progreso. Lamentablemente aparecerán como han aparecido recientemente, con toda sus miserias, al morir Almudena Grandes.

Recuerdo la primera vez que le vi actuar. Yo todavía era casi adolescente. En Gandía, desde la terraza de unos apartamentos que se abría sobre el jardín de una discoteca. Allí comencé a pensar que aquel tipo era más que un guaperas del gusto de mi hermana.

Un par de años después mi madre nos llevó al Palacio de la Música  a verle, esta vez por lo legal y más de cerca. Todavía le recuerdo cantando «Señora» en un escenario que iluminaron en rojo para aquel tema, dando a su interpretación un cierto aire diabólico que me encantó.

La última vez que lo he visto, que lo vimos Ella y yo, fue en la gira «Dos pájaros de un tiro» con Joaquín Sabina, en el Palacio de los Deportes de Madrid, lo disfrutamos pero nuestros hijos pasaron de acompañarnos. Les gustaba pero… tenían otras cosas mejores que hacer.

No te vayas todavía, no te vayas por favor.

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El Mar. La Mer

El lunes recibí por whatsapp una foto con un título: «El Mar. La Mer». Me lo enviaba mi amigo J desde Normandía, donde vive. J es hispanofrancés, creo o quiero creer que lo es más que francoespañol. Realmente da lo mismo. Es mi amigo, mi gemelo unos años mayor, y la tecnología me ayuda a tenerle cerca, hablar con él y hacer real lo que simplemente hubiera sido una añoranza de nuestros años jóvenes. Cuando recibí su mensaje me vino a la cabeza la imagen de mi padre cantando «La Mer», una de sus canciones favoritas.

Luego abrí YouTube y escuché la canción y ya la cosa iba de sentimientos, de la proximidad de un amigo que está lejos (el de Amistad), de volver a ver a mi padre, dentro de mi cabeza, después de treinta años. Iba de sentimientos. Aunque mi mar no está en Normandía. Mi mar es el Mediterráneo, el que siempre me trae a «Ella, mis hijos, mis padres, mi hermana, mi abuela, mis tíos y primos, recuerdos de muchos veranos en la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y a las puertas de la vejez.. Tantos lugares, tantos paseos, tantos momentos,…» El mar en el que Ella y yo somos felices, nuestro Mar.

El mar me ha agitado el corazón de por vida.

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Las alegres canciones de Shrek

Hoy llevo todo el día con el soniquete de algunos temas que Shrek volvió a traer al primer plano y, como Shrek es una serie intemporal, periódicamente vuelven a la memoria. Una feliz banda sonora.

«All Star», el tema de Smash Mouth que utiliza la película para presentar en imágenes a nuestro simpático ogro y dar unas pinceladas describiendo su feliz vida en el pantano.

El inolvidable «I’m a believer», un tema de Neil Diamond que en el 1966 triunfó con The Monkies (un grupo creado como base para una serie de televisión) y que llegó a ser número 1 del Billboard. Smash Mouth lo grabaron para Sherek, muy fieles a la versión de Monkies. Una canción alegre que siempre me ha pintado una sonrisa en la cara. Sirvió de broche final a la primera peli de Shrek.

Es evidente que los temas que mejor se han quedado en la cabeza tienen en común su aire festivo y divertido (a pesar de mi querencia por lo que Ella, para tomarme el pelo, llama el festival de música coñazo: Dylan, Cohen, Madredeus,…). El Funkytown de Lipps Inc. sonaba cuando Shrek, Fiona y Burro llegaban a Muy Muy Lejos, pero también sonó como sintonía en TVE durante la Vuelta Ciclista a España del 1980. Ya conocéis mi afición al ciclismo.

David Bowie junto con Butterfly Boucher pusieron también su granito de arena en la segunda película de Shrek con «Changes» ilustrando a un Shrek que ha bebido la poción «Felices por siempre» y se acerca a ver a Fiona.

«Livin’ la vida loca», el tema de Ricky Martin cantado por Burroy (Eddie Murphy) y el Gato con Botas (Antonio Banderas), pone fin a la segunda de Shrek. y a esta entrada que he escrito mientras sonreía de pura diversión.

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La Palma, la Isla Bonita

Llevo días hipnotizado por un espectáculo de la naturaleza que, al tiempo, es una tragedia humana. Todo sucede en la Isla de La Palma, la llamada «Isla Bonita», un sobrenombre que merece sin ninguna duda.

Tuve ocasión de conocer y amar esa isla en el verano del 2019. Allí Ella y yo vimos el cielo estrellado como nunca lo habíamos hecho; visité un desierto volcánico y un bosque tropical; disfruté de la arquitectura tradicional y de la naturaleza desbordante; nos bañamos en piscinas naturales batidas por la mar y disfrutamos comidas inolvidables.

Por supuesto me viene a la cabeza el tema de Madonna, aunque no se refiere a la Isla de La Palma. Unos dicen canta a una isla llamada San Pedro, considerada por algunos el Cayo Ambergris en Belice, otros hablan de un poblado estadounidense del mismo nombre. No conozco esos lugares pero La Palma merece sobradamente el título de «Isla Bonita».

Antonio Flores si le dedicó una canción a La Palma: «Y aquí una guitarra suena
en la Isla de Palma, dónde unas manos recorren un mástil, para decir sin palabras:
Te quiero».

Visitad la isla cuando esto acabe. Ayudaréis a su reconstrucción económica. Disfrutaréis del carácter de una gente encantadora, de una naturaleza distinta y, en definitiva, disfrutaréis de la vida.

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Hubo un tiempo en que cada quién tenía su melodía en mi móvil

Y molaba. Ahora supongo que se puede seguir haciendo pero no debe de ser fácil o la opción requiere de un dominio tecnológico del que carezco. Cuando sonaba el tono ya sabía quien me llamaba o, cuando menos, que tipo de llamada requería mi atención. En cualquier caso recordad que, en aquellos años en los que finalizaba un siglo y comenzaba otro, el móvil y su uso no tenían el mismo uso ni significado que en el presente.

Cuando sonaba la marcha imperial yo sabía que me llamaba Ella, mis hijos o mi jefe y había que ponerse inmediatamente. A Ella no le gustaba porque decía que ni quería estar a la par con el jefe ni quería un sonido dictatorial como el de esa marcha.

Si tu me dices ven… Entonces era la familia: mi madre, mi hermana, mis suegros, o los amigos, sólo los más cercanos, esos que si tienes cinco eres afortunado y si tienes más es que eres un gilí que no sabe que es un amigo.

Las llamadas del resto de la familia y de los conocidos más próximos. Todas esas llamadas que merecía la pena atender y que , posiblemente, pintaran una sonrisa en tu cara o, por fortuna sólo de vez en cuando, una nube en tu corazón cuando te contaban sus tristezas.

He tenido la fortuna de que mi trabajo me gustaba y ese era el sonido de la llamada de mis clientes.

Quienes me habéis leído ya intuís que mi espíritu militar no va muy lejos. Ese toque de corneta llamando «a la carga» me avisaba de que llamaban mis compañeros de trabajo. Normalmente con esas llamadas un marrón llegaba a mi mesa, yo era el director comercial.

Y, claro está, esas llamadas de origen desconocido que no sabías quien era ni que quería. Ahora esas llamadas sólo presagian el que una compañía del IBEX te quiere vender un cambio de contrato que es mejor no aceptar aunque te prometan el paraíso.

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Ghost, mi reencuentro con las viejas canciones de amor

En la tele han vuelto a poner «Ghost». Hacía mucho tiempo que no la veía y me he quedado un rato con ella (En teledeporte había Tour de Francia y, quienes me leéis habitualmente sabéis que en mi el ciclismo manda). He recordado que cuando vi la película, año 90 o 91, comenzaba de nuevo a poder disfrutar de tiempo para recuperar aficiones. Mis hijos ya no eran bebés ávidos de todo nuestro escaso tiempo libre.

La «Unchained Melody» (en español, Melodía desencadenada) despertó en mi memoria temas entonces por mi olvidados, temas preciosos que había escuchado en algún momento durante mi infancia o adolescencia y que tenía arrumbados en algún lugar de mi memoria musical que aquella película ayudó a reactivar.

Temas lentos, un punto melancólicos, para susurrar al oído en un baile siempre soñado en la adolescencia y nunca entonces vivido. Temas que pueden parecer pasados de azúcar pero que me siguen gustando. Temas como «Blue Velvet»

«Smoke Gets in Your Eyes» Una más de esas canciones que te invitan a bailar en la intimidad aunque bailar sea prescindible.

«Love me tender» No podía faltar el Rey en esta cita y no faltó.

«Stand by Me» When the night has come, and the land is dark, and the moon is the only light we see. No, I won’t be afraid. Oh, I won’t be afraid. Just as long as you stand, stand by me. Porque yo siempre he necesitado que Ella estuviera a mi lado.

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El «Canto a la libertad» de Labordeta

Era septiembre de 1977, probablemente 11, aunque de eso no estoy seguro. Me habían licenciado de la mili en Santiago de Compostela unos pocos días atrás. Volví a Madrid pero en casa no había nadie, estaban celebrando el cumple de mi hermana en Barcelona, donde ella vivía entonces. El 13 tocaba celebrar el mío y no quería estar sólo. Viajé a Barcelona, Era mi primera vez en aquella ciudad que he llegado a conocer bien.

Pocos recuerdos iluminan aquellos días en los que retornaba a una nueva vida de cuyo rumbo, en aquel momento, lo ignoraba todo. Solo sabía que quería seguir luchando por el regreso pleno de la democracia a España y que eso lo quería hacer con Ella.

Cumplir el anhelo de visitar La Sagrada Familia, respirar Gaudí. Pasear por la libertad tras más de un año de mili, una prolongación de la dictadura en un tiempo en que la democracia parecía estar un poco más cerca, aunque yo no estuviera seguro de eso. Ese paseo lo hice por la Avenida de la Reina María Cristina, viendo las fuentes iluminadas y allí descubrí un tipo que cantaba ante la multitud: Labordeta. Era la primera vez que le escuchaba y me emocionó. Era el «Canto a la libertad» y respiré libertad.

Labordeta ha sido capaz de emocionarme y marcar el recuerdo de esa emoción de un modo permanente. Ese septiembre del 77 en Barcelona. Meses después viendo llorar a mi madre cuando oímos «Planta un árbol»

Y en aquella discusión parlamentaria, en la segunda legislatura de Aznar, cuando muchos demócratas sentíamos amenazadas las libertades públicas por aquel gobierno ultraconservador. Un diputado del PP le espetó «vete con la mochila a Teruel» y otro le dijo con arrogancia y desprecio «qué me dices cantautor de las narices». Fue cuando Labordeta exclamó «a la mierda, … ahora les fastidia que vengamos aquí las gentes que hemos estado torturados por la dictadura a poder hablar». Muchos demócratas sentimos que estaba diciendo algo que, cada uno de nosotros, quería decirle a aquel gobierno.

En cualquier caso siempre hay quien viene a estropear un buen día. Cuando terminó el concierto de Labordeta unas feministas repartían panfletos, me acerqué a recoger uno y, con muy malos modos me lo negaron por ser hombre y quizás por aquel pelo de soldadito que me situaba en un negro pasado. Me irritó profundamente, que por ser hombre y por mi aspecto, negaran el ejercicio de la libertad quienes decían luchar por ella.

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Els vells amants el día de Sant Jordi

Como he hecho cada 23 de abril, día del libro y día de Sant Jordi, durante los últimos años, le he regalado a Ella un libro y una flor, que este año ha sido de papel. Es una tradición que me gusta y, además, Ella tiene alguna raíz catalana. Cuando se los he dado Ella se ha puesto a cantar una preciosa canción de Joan Manuel Serrat que yo no recordaba. Para mi ha sido su regalo.

He buscado la letra de la canción y me ha emocionado. Podría hablar de nosotros:

Els vells amants / Los viejos amantes
Els seus cabells el temps ha tornat blancs. / El tiempo ha vuelto sus cabellos blancos.
Les seves mans, nervioses i arrugades. / Sus manos, nerviosas y arrugadas.
Els seus cabells el temps ha tornat blancs / El tiempo ha vuelto sus cabellos blancos
i un xic més trista la seva mirada. / y un poco más triste su mirada.

S’estimen com jo voldria ser estimat / Se quieren como yo quisiera ser querido
(si els costums que segueixo ho permeten), / (si las costumbres que sigo me lo permiten),
s’estimen com jo voldria ser estimat / se quieren como yo quisiera ser querido
quan la esperança comenci a estar seca. / cuando la esperanza comience a estar seca.

I s’agafen les mans / Y se cogen de la mano
els vells amants. / los viejos amantes,
recorden, com ahir, / recuerdan, como ayer,
les flors que van collir./ las flores que cogieron.
I s’agafen les mans / Y se cogen de la mano
els vells amants. / los viejos amantes.
Es miren i ho saben tot, / Se miran y lo saben todo,
no els cal dir res, cap mot. / no les hace falta decir nada, ninguna palabra.

On els vells viuen es va aturar el temps / Donde los viejos viven se paró el tiempo
amb el retrat que a la paret penja. / con el retrato que cuelga en la pared.
On els vells viuen es va aturar el temps / Donde los viejos viven se paró el tiempo
després que es varen casar aquell diumenge. / después de casarse aquel domingo.

La ràdio antiga i el rellotge gran i / La radio antigua y el gran reloj y
el cobretaula carregat de randes. / el tapete cargado de puntillas.
La ràdio antiga i el rellotge gran / La rádio antigua y el gran reloj
que encara sona d’hora en hora amb mandra. / que aún suena de hora en hora con pereza.

I s’agafen les mans / Y se cogen de la mano
els vells amants. / los viejos amantes.
I es bressolen cada nit / Y se acunan cada noche
com dos infants petits. / como dos niños pequeños.
I s’agafen les mans / Y se cogen de la mano
els vells amants. / los viejos amantes.
I es pregunten: «Estàs bé? / Y se preguntan: «¿Estás bien?
Avui no et fa mal res…?» / ¿Hoy no te duele nada…?»

I per Sant Jordi ell li compra una rosa / Y por Sant Jordi él le compra una rosa
embolicada amb paper de plata. / envuelta en papel de plata.
I per Sant Jordi ell li compra una rosa / Y por Sant Jordi él le compra una rosa
mai no ha oblidat aquesta data… / nunca ha olvidado esa fecha…
I pels carrers s’han perdut els amants. / Y por las calles se han perdido los amantes.
No tenen por, no tenen pressa. / No tienen miedo, no tienen premura.
I pels carrers s’han perdut els amants / Y por las calles se han perdido los amantes.
amb una flor i la seva tendresa… / con una flor y su ternura…

Porque la quiero.

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La perla de Janis Joplin

Ella y yo compartimos mucho, incluso antes de conocernos. Tanto para Ella como para mi «Pearl», el último disco de Janis Joplin resultó especial y, entonces, ni nos conocíamos.

Lo escuchaba y no lo entendía. Mi amigo R mantenía que Janis Joplin sólo gritaba. Me lo decía quien me había descubierto a Cream. Mientras, en la misma ciudad, sin tener noticia mutua de nuestra existencia, Ella y su amiga I cantaban compulsivamente los temas de aquel disco.

@guxlar cuenta que Pearl, en español: Perla, es el segundo y último álbum de estudio de Janis Joplin como solista. Fue lanzado de forma póstuma por Columbia, el 11 de enero de 1971, apenas tres meses después del fallecimiento de Joplin. Dos de sus canciones siempre me han gustado especialmente. Probablemente las que más me han gustado de Janis.

Mis colegas de «El octavo día» cuentan que el 2 de octubre de 1970  Janis Joplin entró al estudio por última vez y grabó, en una sola toma, ‘Mercedes Benz’, una canción a cappella y contra el consumismo. Janis le pedía a Dios que le demostrase su amor comprándole cosas. Finaliza diciendo “That’s it!”. Murió tres días después.

“Me And Bobby McGee” fue compuesta por Fred Foster y Kris Kristofferson con quien Janis tuvo un romance aunque el tema no fue fruto del mismo. Ismael Ortiz escribió en su blog que la canción cuenta «las aventuras de un viaje en carretera de dos amigos, o quizá amantes, con poco dinero y un recorrido por emociones y estados de ánimo».

Janis tuvo una vida difícil que ya han contado muy bien otros blogueros. Sergio Montalvo, con los audífonos puestos, lo hizo 50 años después de morir Janis; Alfredo Rosso la definió como «un huracán de emociones y convicción», mientras que Sergio Murillo en «El Generacional» comenzó su nota biográfica contando los minutos previos a la salida de Janis al escenario de Woodstock. Finalmente las contestaciones a la entrevista publicada por Jazzología aportan un excelente retrato de ella.

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