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Paquito el chocolatero

He leído que un tal Edward George Honey, soldado y periodista inglés, en desacuerdo con los bailes y fiestas que celebraban el fin de la guerra, envió una carta al Evening News solicitando cinco minutos de silencio en honor a los caídos en la I Guerra Mundial. Quien escribió esa historia se pregunta:, “¿Y si Mr. Honey hubiese escrito una carta solicitando cinco minutos de mayor alegría, pues dichos bailes y fiestas no le parecían suficientes? Quizá hoy celebraríamos la muerte cantando Paquito el Chocolatero, y ya te digo yo que Paquito, todos abrazados, se alargaría hasta que salga el Sol”.

Y lo cierto es que “Paquito el chocolatero” inyecta alegría en el alma. Ya os he contado lo que para mi es el Mediterráneo, y “Paquito” es su esencia. Una esencia que se vive en las fiestas de moros y cristianos y que más allá ha impregnado las fiestas de cualquier rincón de España y, por supuesto, las fallas en Valencia.

Pero “Paquito el Chocolatero” ha roto fronteras. En Toulouse trataron de convencer a mi hijo menor que ese pasodoble era música popular autóctona del sur de Francia. Y así la sentían aquellos gabachos, orgullosos de “sus tradiciones”

“Paquito” es marca España, así lo pienso y así parece pensarlo una de nuestras cerveceras, San Miguel, perteneciente al Grupo Mahou, que la utilizó como eje de su campaña publicitaria en el 2008.

Pero “Paquito el chocolatero” es netamente español, de Cocentaina (Alicante), habla del cuñado del compositor “un home molt formal que quan arriba la Festa va sempre molt colocat”, Francisco Pérez Molina era hermano de Consuelo la esposa del compositor, Gustavo Pascual Falcó. Los padres de Francisco vendían chocolate y eran conocidos con el sobrenombre de Chocolateros. Francisco. Su vocación: las fiestas de moros y cristianos, junto a la música, son las dos caras de una misma moneda: en una el músico, en la otra el festero para los dos cuñados. En el verano de 1937 el compositor enseña a su cuñado Paquito tres composiciones musicales. Le pide que elija una de entre las tres para que lleve su nombre. Paquito sin dudarlo elige un pasodoble, alegre y dianero, que rima bien con su carácter festero, “Paquito el chocolatero”.

Sería imperdonable no hacer un guiño al buen humor al hablar de “Paquito el chocolatero”. Probad a teclear en Google ese nombre y buscad las imágenes. Entre ellas aparecerán con cierta frecuencia fotos de un individuo que nada tiene que ver con la alegría pero que protagonizó innumerable cantidad de chistes. ¿Porqué será’ que decía “La Bombi”.

Paquito “El Xocolatero”
es un home molt formal
que quan arriba la Festa
va sempre molt colocat

Es posa el vestit de Festa
el puro, cafe-licor
i s´en va per la filada
per oblidarse de tot

(estribillo)

Pe’ l carrer va desfilant
entre flors i colors
el poble se’n va entregant
a la gracia d’ aquest home
que sap com ningu ballar.
Per el carrer va desfilant.
Cantueso i Herbero
per a poder-ho aguantar
mentre dura nostra Festa
tan valenciana, tan popular

(bis)

L’ endemá s´en va a la fabrica
i se posa a treballar
Cantueso i Herbero
per a poder-ho aguantar
fins que torne nostra Festa
tan Valenciana, tan popular

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Lo + mío

La mujer que yo quiero

Le regalé un disco, “El álbum de oro”, un recopilatorio de Joan Manuel Serrat en el que había un montón de temas que a los dos nos gustaban. Ella y yo habíamos estado unos días antes en Valencia celebrando las fallas. Un mes después de ese viaje, el 16 de abril el predictor nos contó que nuestro primer hijo estaba de camino.

Cuando comenzamos a salir canturreé mil veces aquello de “… ella es más verdad que el pan y la tierra. Mi amor es un amor de antes de la guerra. Para saberlo, la mujer que yo quiero, no necesita deshojar cada noche una margarita”. 

Os he contado en otra entrada que “cada vez que me quedaba enganchado de una chica la asociaba mentalmente con una canción”. A ella la asocié primero a esa canción. Luego los años de estar, de ser, juntos han ofrecido sentimientos y momentos para asociarla a muchos otros temas. Pero esas son otras historias.

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Lo + mío

Mediterráneo

No nací en el Mediterráneo pero así me siento. No he elegido la ladera de un monte más alto que el horizonte, los míos lo saben, pero es un buen lugar para quien lo escoja.

Valencia y Alicante, dos ciudades unidas  a mi historia. Valencia son las vacaciones de mi infancia. Alicante es la ciudad que ha llenado mis ocios y los de mi familia desde que mis hijos eran pequeños. Alicante es mi refugio para el descanso y espero que lo sea por muchos años. 

Ella, mis hijos, mis padres, mi hermana, mi abuela, mis tíos y primos, recuerdos de muchos veranos en la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y a las puertas de la vejez.. Tantos lugares, tantos paseos, tantos momentos,… El Portet de Moraira que, en el 61, era el mismísimo paraíso terrenal. Las fallas. Los veranos de la adolescencia en Gandía. Esa cala inesperada que un día descubrimos, los pinos, el sol, la paz.

‘Mediterráneo’, de Joan Manuel Serrat, se convirtió en abril del 2019 en ‘La mejor canción jamás cantada’ en español de las últimas décadas según los espectadores de La 1, con el 55% de los votos. Pero eso es sólo una anécdota.

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hermana·Sin categoría·Valencia

El fallero

Mi abuela y parte de la familia materna vivían en Valencia, una tierra que, quizás por eso, siempre he amado. La visita a la familia en “fallas” era una experiencia que marcaba y, desde entonces, este pasodoble, el fallero, me emociona.

La música. Música popular tocada por miles de músicos aficionados que llenan las calles con sus agrupaciones que consiguen que esa fiesta no se entienda sin su música. La despertá con los petardos estallando contra los cierres metálicos bajo la ventana de la habitación en que dormía. La mascletá en la que descubrí que también era música. Los fuegos artificiales que iluminaban aquellas noches y que siempre me parecieron los más bonitos del mundo.

Un año mi primo mayor construyó una falla y la quemamos en el patio con mi hermana vestida de fallera.

Los chalecos de los Llauradors que siempre admiré y envidié (alguna vez me compraré uno). La cremá, indescriptible. De niño, tanta explosión y tanto fuego me asustaba. Poco a poco las fallas y su música me ganaron y hoy para mi son una auténtica bandera.

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