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Samba pa ti. Terminar el guateque antes de que den las diez

Cogíamos el metro hasta la última estación y, desde allí tras caminar un par de manzanas, una “camioneta” nos llevaba al más absoluto extrarradio Hoy la ciudad ha crecido mucho, vivo cerca de allí y hay metro dónde antes sólo había campo. Allí celebrábamos nuestros guateques, en una casa baja con un jardín amplio que los padres de uno de los amigos nos permitían usar en su ausencia. Había que terminar pronto. Los propietarios volvían a cenar a su casa y chicos y chicas, sobre todo ellas pero también muchos de nosotros, teníamos que estar en casa “poco antes de que den las diez”. Entonces tenía dieciséis años, pura adolescencia, y esa canción era pura mítica. Ya me hubiera gustado poder cantar y contar, sin mentir, semejante historia. Pocos años después fue una historia real, estúpida realidad.

Con aquellos guateques tengo asociado un disco, El “Abraxas” de Santana, y uno de sus temas: “Samba pa ti”. Una música que invitaba al “lento” en la penumbra y a esa silenciosa lucha de brazos y codos que te dejaba claro que nada había que hacer y te quedabas con las ganas de algo que nunca conseguías. Gustaban los malotes y yo estaba muy lejos de serlo. Tan lejos que era un primavera. No sabía encandilar. En realidad no sabía nada.

O era la hermana de Ja…, tan divertida, alegre y buena gente como su hermano pero, además, era guapa. Figura imprescindible en aquellos guateques en los que era una auténtica reina. Estaba fuera de mi alcance pero quiero dedicarle a través de este blog un cariñoso recuerdo.

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Leonard Cohen acompañando mi vida

Descubría Leonard Cohen en un guateque, en la adolescencia, cuando bajaba la luz y comenzaban las lentas. Cada oveja con su pareja y los desparejados, yo entre ellos, o preparábamos el siguiente disco o  intentábamos patéticos acercamientos. Ellas entonces ponían las manos en nuestros hombros y los codos  protegiendo su pecho y clavados sobre los nuestros. Para saltar al siguiente paso o tenías dotes de encantador de serpientes (así me lo parecía) o, muy probablemente, acababas con orquitis.

El LP “Songs of Leonard Cohen” estaba lleno de canciones íntimas, cantadas con una voz grave y susurrante que me gustaba. Quienes mejor me conocen se meten conmigo y mi gusto por lo que llaman “festival de la música coñazo”. Comprenden que escuche un par de temas pero no entienden que pueda pasarme una tarde escuchando ese tipo de música. Entre los temas de aquel álbum me gustaban especialmente “Suzanne” y “So long, Marianne”. Luego llegaron muchos más, como “Dance me to the end of love” 

Me viene constantemente a la cabeza “Take this waltz” a modo de versión en inglés del poema Pequeño vals vienés de Federico García Lorca, incluido en su obra Poeta en Nueva York.

Una larga carrera, 26 álbumes y 4 recopilatorios, llena de temas que me han conmovido, fieles a su espíritu, y que han cosechado todo tipo de reconocimientos.

Leonard Cohen fue poeta y lo siguió siendo, antes que cantante. Ha sido un artista con sus raíces alimentadas por la cultura española. En el 2011 fue designado Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Al recibir el premio, Cohen hizo referencia a esa influencia de España en su obra, especialmente a García Lorca y a la guitarra española para, a continuación, donar los 50.000 euros del premio a la Universidad de Oviedo para impulsar la Cátedra Leonard Cohen, “un lugar de encuentro entre la poesía y la música, entre los creadores y su público, entre el arte y la sociedad”.

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