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You’ll Never Walk Alone

En diciembre del pasado año escribí en este blog que: “Creo que el himno de un equipo de fútbol debe de estar creado para que lo cante un estadio, para que todo el mundo participe, para atronar e impresionar al contrario”. Me dejé una utilidad superior, que los jugadores se sientan apoyados por su público e identificados con su equipo. ese papel lo cumple perfectamente el himno del Liverpool: “You’ll Never Walk Alone” (Nunca caminarás solo).

En octubre de 1963 Un grupo de Liverpool, Gerry and the Pacemakers, versionó ese tema, compuesto por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein para el musical Carousel en 1945. Lo grabaron en los estudios de Abbey Road y detrás de aquello estaba Brian Epstein, el representante de los Beatles. La afición del Liverpool​ la hizo suya y la cantaba cuando el equipo saltaba al campo. Hay que tener el corazón muy duro para no sentir que le debes algo a quien te canta eso.

​Oírselo contar a Michael Robinson (minuto 4,30 aproximadamente) explica perfectamente que sentían los jugadores, que es un himno y para que sirve. Lo cuenta mucho mejor que cuando yo me he puesto a teorizar sobre ello.

En estos días se ha celebrado un partido de homenaje al inolvidable Michael Robinson entre el Liverpool y el Osasuna, dos de los equipos en que jugó y a los que amó ese inglés de alma española o, quizás, ese español de alma inglesa que siempre me cayó bien y al que tuve ocasión de escuchar en vivo contar su experiencia vital y, desde entonces, me cayó aún mejor. Una pena que “ese Cádiz” faltase en la ecuación.

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Galicia, fogar de Breogán, y los himnos

Hice la mili en Galicia, en 1976 – 77. Mayoritariamente, éramos chicos provenientes de fuera de Galicia. Sólo los que hacían la mili como voluntarios eran gallegos. Estaba así organizado, pues ese ejército estaba concebido para enfrentarse con la población, no contra un hipotético enemigo exterior. En consecuencia, era mejor que los soldados no tuviéramos vínculos con la población local. De ese modo, si llegaba algún tipo de levantamiento popular los soldados tendríamos menos reparos a la hora de disparar contra la gente. ¿Os sorprende? No eran alucinaciones mías. Así era la dictadura y en eso pensaban sus jerarcas.

Había llegado a Galicia sin escogerlo ni desearlo; para hacer algo que no me apetecía hacer y que ideológicamente chocaba frontalmente conmigo. Contra todo pronóstico, y en esas condiciones, me enamoré de Galicia para siempre. Conocí gente magnífica que me acogió con los brazos abiertos y que me hizo sentirme en mi casa (cuando estaba fuera del cuartel). Al final de mi estancia allí recuerdo un estadio de fútbol, en Santiago, lleno de gente en una convocatoria en pro de la democracia que se abrió con el himno gallego. Lo canté, junto con la multitud, con auténtica emoción.

Porque un himno tiene que representar a todo un pueblo y ser adoptado por todo él. Porque ni un himno ni una bandera deben ser utilizados para excluir a parte del mismo pueblo al que dice representar. Porque un himno tiene que poner en pie a todo el mundo. Por eso hay canciones que se convierten también en himnos que acompañan al himno oficial. Por eso no me gustan los nacionalismos, grandes o pequeños, y me gustan las naciones. Porque las naciones somos cada uno de nosotros y la suma de todos nosotros. Faespana cuenta bien la historia de los nacionalismos a través de sus músicas e himnos.

Que bien lo explicaba Doña Concha Piquer. Lo hizo tan bien que (wikipedia dixit): “En los exilios provocados por la Guerra Civil Española y sobre todo en la emigración, el pasodoble Suspiros de España simbolizó para algunos la nostalgia del país perdido. Su composición en el modo musical menor evoca tristeza, con leves modulaciones a su relativo mayor, pero, en mayoría, escrita en modo menor. También fue usada alguna vez como sintonía por Radio Pirenaica, emisora comunista clandestina que emitía desde el extranjero”.

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Casablanca, música y frases para el recuerdo

Casablanca dejó huella en mis recuerdos a través de su música, sus frases y la historia que cuenta. Un recuerdo regado por sus múltiples reposiciones en televisión y por la cantidad de Rick´s Café que me he ido encontrando en muy dispares lugares. Alguno lo frecuento todavía, cerca de casa de mi hijo mayor. Ninguno se parecía ni se parece mínimamente al original que nunca existió ni tan siquiera como plató. Parece que eran tres sets distintos y no conectados entre sí.

“As time goes by. You must remember this, a kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh, the fundamental things apply, as time goes by”. (Debes recordar esto, un beso es solo un beso, un suspiro es solo un suspiro, las cosas fundamentales se aprecian, a medida que el tiempo pasa). “As time goes by” es lo primero que a todos se nos viene a la cabeza. La interpretó Arthur Dooley Wilson en el papel del pianista y amigo de Rick´s, Sam. Junto con el himno francés, “La Marsellesa” forma la base sonora de la película. Un contrapunto que preside el guion, entre lo romántico y lo patriótico; lo estético y lo épico.

Porque es una historia de amor, también una historia de lucha y resistencia y una historia de un personaje tan descreído que no cree ni en si mismo. Una historia que ha dejado frases para el recuerdo:

“I think this is the beginning of a beautiful friendship…” Este será el comienzo de una gran amistad. Una frase que ha firmado extrañas alianzas contra natura con “compañeros de viaje” a los que nunca nos hubiéramos aproximado y, quizás, nunca debimos hacerlo.

“We’ll always have Paris” Siempre nos quedará París. Una broma recurrente entre Ella y yo.

“The Germans wore gray. You wore blue” Los alemanes vestían de gris y tu vestías de azul. Tantas veces se lo he dicho a Ella cuando se viste con su color favorito, el azul.

Ilsa Lund y Rick Blaine, La Bergman y Bogart, recordaban su vida en común en París y un baile al son de “Perfidia”. Un escape al cordón musical de una banda sonora presidida y dominada por “Time goes by” y “La Marsellesa”. No es la única. Otra canción más, interpretada por Dooley Wilson, “It had to be you, shine” rompe ese leit motiv.

Pero os dejo con otra versión de “It had to be you, shine”, la de Billie Holiday. Su voz y su forma de cantar convierten esa canción en un tema de otra dimensión. Muy superior.

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Dublin, Temple Bar, Gogarty´s, Live Irish Music

Ella y nuestro hijo menor estaban cansados y decidieron no unirse a nuestro hijo mayor y a mí que nos fuimos a explorar Temple Bar, su música, sus cervezas y sus bailes. Era nuestra primera noche en Dublín y habíamos madrugado para volar, pero teníamos ganas. El rugby y la cerveza son aficiones compartidas y nos apetecíae una noche juntos padre e hijo, ya adulto, ya trabajando. Charlar, beber y hasta bailar, aunque nuestro sentido del ridículo lo limitó a esbozar unos tímidos pasos en una esquina. Una noche inolvidable.

Temple Bar es una calle llena de vida y cervecerías. De una de ellas, Gogarty´s escuchamos salir música céltica y parecía ser un grupo tocando en directo. No nos pudimos resistir. Cerveza roja, que me gusta más que la tradicional Guinness, aquellos músicos, el colegueo con mi hijo, una cierta pena porque Ella y el menor, que también era mayor de edad, no se hubieran apuntado, y una satisfacción enorme de poder compartir la noche con el mayor, mientras escuchábamos “Molly Malone”.

“Molly Malone”, también llamada “Cockles and Mussels” o “In Dublin’s Fair City” es el himno, no oficial, de Dublin, cuenta la historia de una pescadera, Molly Malone, que murió joven y en la calle. Pregonaba y vendía, con un carro de mano, berberechos y mejillones. Vendedora de dia y puta de noche no está probada su existencia. Hoy es la más popular de las canciones y una estatua que la representa en el centro de la ciudad,

Al día siguiente iniciamos alquilamos un coche y comenzamos nuestro programa de excursiones por Irlanda. Nuestra primera visita fue al mítico campo de la selección irlandesa de rugby, Lansdowne road. Ya os he hablado de nuestro amor por el rugby. Fue mi primera experiencia conduciendo por la izquierda y comencé por circular en dirección contraria, luego lo cogí el tranquillo. En el estadio, cuando supieron que éramos unos raros españoles a los que gustaba el rugby nos lo dejaron visitar a pesar de que estaba cerrado.

Hace un par de días, el día de San Patricio, el 17 de marzo, me asaltaron los recuerdos de aquel viaje que tanto disfrutamos. Muchos blogueros han contado sus experiencias y sus emociones. Guxlar lo hace con una play list. Anem de viatge cuenta una visita a Dublín el día de San Patricio y describe el ambiente de la fiesta mayor de Irlanda. Seguro que disfrutaréis con ellos de la visita a Dublín. Yo también os invito a disfrutar de la música Irlandesa en el St. Patricks day.

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Lo + mío

Gracias a la vida

Violeta Parra compuso “Gracias a la vida” un año antes de morir, un año antes de suicidarse. La vida es así de contradictoria. Para mí es un himno a la vida. Tiene aire de despedida pero reivindica la vida y creo que eso no hay que dejarlo para el adiós. Siempre es momento de hacerlo.

A Ella siempre le gustó. Está entre las primeras canciones que le oí cantar, acompañada de su guitarra. Siempre que la he escuchado se me ha puesto la piel de gallina. Sabe hacerlo. Ella me descubrió esa canción que tanto refleja mi actitud vital.

¡Tenemos que dar las gracias a tanta gente! A Ella, a los hijos, a nuestras familias, a quienes nos precedieron y pusieron la semilla de quien somos; a quienes nos suceden y dan razones para seguir viviendo y luchando; a nuestros amigos; a quienes nos han ayudado sabiéndolo; a los que lo hicieron sin saberlo y a quienes no quisieron ayudarnos y, sólo por eso, nos ayudaron.

La he canturreado muchas veces y hasta ha sido protagonista de alguno de mis escritos profesionales. Porque siempre hay que dar las gracias a los clientes; a quienes confían en nuestro quehacer; a nuestro entorno profesional; a nuestro equipo (desde el último que ha llegado al primero que se unió a nuestros proyectos); a nuestros colegas y sin embargo amigos y a nuestros colegas, encarnizados rivales que nos hacen trabajar para ser mejores.

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Novecento, una música que cuenta una historia de lucha

Una música y dos cuadros que han resonado en mi imaginario desde mi primera juventud. Primero el cuadro de Ramón Casas, “La Carrega” (La Carga), luego vi Novecento, su música me agarró desde el primer momento sonando sobre la imagen de “Il quarto stato” de Giuseppe Pellizza. Puro cine.

Los dos cuadros, el de Casas de 1899 y el de Pellizza de 1901 hablan de lo mismo, un grupo de obreros en huelga. De las primeras movilizaciones de los trabajadores de la industria que estallaron en la mayoría de los países desarrollados. Los comienzos de la lucha por el socialismo.

La banda sonora de Novecento es de Ennio Morricone. Su “Romanzo”, lo primero que suena cuando comienza la película y que es su pieza más icónica, está en las antípodas de los himnos que protagonizaron los años de la historia que cuenta la película. Nada que ver con “La Internacional”, pero funciona.

Funciona porque la película de Bernardo Bertolucci cuenta la historia de dos amigos que nacen en la misma hacienda el día que muere Giuseppe Verdi, el 27 de enero de 1901: Alfredo, hijo del patrón y Olmo, hijo de un jornalero. A lo largo de su vida son uña y carne, se enfrentan y, en general reflejan la historia de dos clases opuestas que luchan encarnizadamente por sus propios intereses, confrontando razones y emociones. Desde la amistad de la infancia, el enfrentamiento, el alejamiento y, al final, el reencuentro, con el paso de la euforia a una disputa, que se hará eterna.

Una historia en la que subyace el desencanto.

Por favor disfrutad del coro de los esclavos (Va Pensiero), compuesto por Verdi para su ópera Nabuco y que se unía a la reivindicación de justicia e independencia en la Italia de finales del XIX.

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Himno·Sin categoría

We will rock you y las mocitas madrileñas

Siempre he sido madridista pero el himno… Las mocitas madrileñas ya sonaban viejunas cuando yo era niño, aunque, cómo no, las tengo cariño. Florentino nunca me gustó. Por muchas causas y también por no saber renovar el himno. Escogió para ello a un Cano con ínfulas, José María, y lo cantó Plácido Domingo. Imposible que el estadio lo cantase con él.

Creo que el himno de un equipo de fútbol debe de estar creado para que lo cante un estadio, para que todo el mundo participe, para atronar e impresionar al contrario. Quizás el antibarcelonismo que profesamos los madridistas nos ha hecho no mirar lo mejor que tiene el Barsa, su himno, que, desde su título explica para que sirve: “Tot el camp es un clam”.

Para mí el himno perfecto, y no es un himno, es “We will rock you”, capaz de hacer vibrar, acompañar y cantar a un estadio.

¡Que envidia! Florentino eres un tolay con ínfulas.

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Ella·Generación del 68·Himno·Lo + mío

Imagine

John Lennon era un símbolo para la generación del 68. Esa generación que quiso cambiar el mundo, esa generación que, por un momento creyó, creímos, que habíamos cambiado la sociedad y lo hicimos. Para bien y para muy mal. Esto último contradiciendo los principios en que creímos y que estaban en Imagine.

Recuerdo escucharlo en casa, fue un mazazo. Ni Ella ni yo nos lo podíamos creer. ¡Un asesinato tan estúpido y gratuito1 Algo que parece que sólo podía pasar en una sociedad enloquecida… Y pasó. Pasó hace cuarenta años, el 8 de diciembre del 80. El primero de nuestros hijos nació un año y un día después. Sin duda el mundo que se encontraron era peor. 

Imagine ya era un himno, una declaración de principios, algo trascendente que ha continuado sonando como banda sonora de la utopía. Sigo deseando que su letra se haga real.

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Flower of Scotland & Ireland´s Call

En los 90 mi hijo mayor comenzó a jugar al rugby, todavía era un niño y jugaba de “talona” con chicos mayores que él. Por alguna razón que desconozco siempre fue forofo de Escocia y, en su defecto, de Irlanda. Me contagié de aquellos gustos. El rugby ya me gustaba desde cuando, en los 60, veía el 5 naciones, en blanco y negro, con mi padre en el “UHF”. Entonces los jugadores no eran profesionales. Eran carniceros, policías, funcionarios,…

Flower of Scotland, el himno de Escocia. Ireland´s Call el de una Irlanda Unida siempre sonaron con emoción en casa, desde el viejo campo de Landsome Road que, unos años más tarde tuvimos ocasión de visitar

Los valores del rugby, ver como ese deporte le daba a mi hijo autoestima, el comportamiento de público y jugadores en aquellos partidos, hicieron que el rugby y esos himnos siempre me hayan hecho vibrar (sin olvidar la haka de los All Blacks).

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