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Thick as a brick y la prensa local

Como siempre me ha llamado la atención el diseño gráfico, algo que explica en buena parte mi vida profesional, lo primero que me atrajo de “Thick as a brick” fue el diseño del álbum. Luego lo escuché y el encanto fue completo. De Jethro Tull ya he colgado Boureé en este mismo blog.

Era 1972, comenzaba a tener una vida intensa de experiencias y no me sobraba el dinero. Quería comenzar a vivir por mi cuenta y debía medir cuanto me gastaba en discos. Mi primera gran curiosidad, que tardé en satisfacer, fue ¿sólo quiere ironizar sobre los tabloides ingleses o una forma original de plantear los contenidos del disco? Vinylfriday lo cuenta bien y mucho mejor explica el contenido musical. Yo he querido enseñároslo y añadir algún detalle apetitoso.

El diseño imita el de un diario local, el St. Cleve Chronicle & Linwell Advertiser. En su página 7 aparece la letra del tema. El resto son noticias locales, como las de los típicos tabloides británicos, ausentes los grandes temas “nacionales”, los típicos pasatiempos, horóscopo y programación de las emisores de radio. Sin faltar un comentario sobre la salida del disco inspirado, según el diario, en el poema de un imaginario niño prodigio de 8 años, vecino de la localidad, Gerald Bostock, apodado “Little Milton” en honor del poeta inglés.

Gerald Bostock protagoniza la noticia de portada. En ella, un jurado recomienda, sin dilación, tratamiento psiquiátrico para el chico por haber escrito el poema “Thick as a brick”. Bajo esa noticia aparece un suelto, también protagonizada por el niño, en la que se lee que Little Milton ha sido condenado por el embarazo de una colegiala de 14 años, Julia Fealey (a la izquierda de Gerald en la fotografía de la portada), quien le culpa de su embarazo. El reportaje continúa diciendo que el doctor de la propia Fealey asegura que la chica “obviamente estaba mintiendo para proteger al padre real”.

Merece la pena leer el diario y seguramente en él aparecen innumerables guiños de la banda que imagino resultan difíciles de pillar 49 años después, desde España y con mi torpe inglés.

Muchos años después mi hijo mayor, conocedor de nuestro gusto por Jethro Tull, nos regaló unas entradas para ir al concierto que dieron en el mayo del 2007, un magnífico regalo de los que quedan para siempre. Allí pude ver, como tantas veces había soñado, a Ian Anderson, ya con muchos años, tocando la flauta mientras descansaba sobre un sólo pie.

Hasta los Simpsons han dedicado un homenaje a Jethro Tull y “Thick as a brick”

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Clásica y rock, la buena música es eso, buena

Recién entrado en la adolescencia el profesor de música en el instituto nos enseñó a saber que querían decir los signos que aparecían en una partitura pero no a saber como sonaban. ¡Qué desastre de enseñanza! Muy rara vez nos puso a escuchar música pero en una de esas contadas ocasiones descubrí a Chaikovski y me gustó. Así me interesó por vez primera la música clásica. En el año 70 repusieron Fantasía, la película de Disney. La vi en una sesión matinal en el cine “Imperial” de la Gran Vía (estaba dónde ahora está el Primark 😢). Allí, entre otras sonaba el “Cascanueces” de Chaikovski. Fue de las primeras veces que escuchaba clásica durante más de una hora.

Y pocos años después, cuando ya terminaba la adolescencia, me reencontré con Chaikovski en una adaptación de la clásica al rock con Emerson, Lake & Palmer, un disco titulado “Cuadros para una exposición”. El grupo me gustaba. No tanto aquella adaptación. Gracias a El Círculo Beatle por regar mi memoria.

Junto a aquella versión aparecían varios temas de la obra así titulada, de Músorgski que si me gustaron. Y que luego descubrí que alguno aparecía en Fantasía en una versión más canónica. Así descubrí la música del final del romanticismo. Se cerraba el círculo.

Hace unos días paseaba, charlando sobre este blog, con mi amigo CB. Hablando afloraron recuerdos y me contó que “Oh Lord why Lord” fue el primer disco que él se compró. Soy algo mayor que él (poco), yo también lo compré y lo conservo. Aquel disco versionaba en clave de gospel el canon de Pachelbel

He ligado este recuerdo a que quería escribir algo sobre Miguel Ríos y el “Himno a la alegría” y así ha nacido esta entrada.

Recuerdo hablar con mi tío P, sobre el “Himno a la alegría” que acababa de grabar Miguel Ríos. Me decía que estaba bien que se hicieran aquellas cosas, “es el mejor camino para que la juventud descubra la música clásica”. Mi tío sabía de música, sobre todo de música clásica, era uno de esos renacentistas que sabían y se interesaban por todas las ramas del saber, un hombre con el que aprendías cuando hablabas y con el que, cosas de la edad, no hablé lo suficiente. Yo me lo perdí.

Buceando en mi memoria encuentro más ejemplos pero no se trata de aburrir. Destaco uno de mis favoritos y, en eso coincido con @raulrn que cuenta de “Buree”, un magnífico tema de Jethro Tull: es el único tema de su álbum “Stand Up” no compuesto por Ian Anderson sino por el maestro Johann Sebastian Bach (1685-1750) para su “Suite en mi menor para laud, BWV 996 (BCL166)”; en concreto se trata del quinto movimiento: “Bourrée“, en alusión a la danza barroca de origen francés que se utilizó en los ballets y las óperas galas de los siglos XVII y XVIII.

Cierro esta entrada volando, casi, hasta la actualidad para brindaros un vídeo que tiene más de 100 millones de visitas en YouTube y que me encantó cuando lo vi. Une AC/DC con Vivaldi. Una fabulosa versión de un grupo llamado 2CELLOS y que, con ritmo de cine fusiona clásica y rock.

Seguro que todo esto lo cuentan mejor que yo en: La música clásica reconvertida en himnos de rock La música clásica en clave de rock y heavy metal o en Música clásica y rock

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