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Sin Marcha Radetzky no hay Año Nuevo

Cuando era niño el año nuevo tocaba en casa de mi tío, el hermano de mi padre. Cuando llegábamos la televisión retransmitía el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, luego llegaban los saltos de ski desde Garmisch-Partenkirchen y comenzaba la comida con tíos y primos.

Sin la Marcha Radetzky para mi no existe el año nuevo. Muy pocos años he faltado a la cita con ella. Acompañar dando palmas a los músicos y a los afortunados que lo siguen en directo. De niño entre el jolgorio de primos, de adolescente y joven airado menos, luego con mis hijos y con Ella, que es quien realmente sabe de música; ahora sólo con Ella, a veces, en el coche camino del Mediterráneo.

Solo cuando suena me creo que, de verdad, que es Año Nuevo. Feliz año.

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