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“Nessun dorma” en familia

Mi hijo menor, cuando era niño, tenía problemas respiratorios y hablaba ronco como el padrino. entró la medicina en juego y, entre otras cosas, pasó por un logopeda que le reeducó en la forma de hablar comenzando por la forma de respirar. Creo que de allí le vino el gusto por cantar cosas que entrañan dificultad.

Su hit, en ese terreno, ha sido siempre “Nessun dorma”. Probablemente porque, en aquellos años, los tres tenores, Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, cantaron con gran repercusión en varias finales de los mundiales de futbol y TVE eligió ese tema, cantado por Pavarotti, para la sintonía del Tour que, en los 90´s, ganó Induráin cinco veces seguidas. Ya os he contado de nuestra afición al ciclismo.

Quizá eso está en el origen de que la televisión italiana haya utilizado “Nessun dorma” para cantar la gloria de los grandes campeones del Giro en la edición del 2020. Va por quienes nos entusiasmamos con esos grandes.

Ella es muy aficionada a la ópera y, seguro, mucho tiene que ver con la afición de nuestro hijo menor a emular esas voces y poner a prueba la suya. Lo cierto es que “Nessun dorma” me lleva directo a imágenes familiares, medre e hijo cantando o los chicos y yo, delante de la tele a la hora de la siesta, disfrutando los éxitos de Miguelón. Vida de familia.

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Novecento, una música que cuenta una historia de lucha

Una música y dos cuadros que han resonado en mi imaginario desde mi primera juventud. Primero el cuadro de Ramón Casas, “La Carrega” (La Carga), luego vi Novecento, su música me agarró desde el primer momento sonando sobre la imagen de “Il quarto stato” de Giuseppe Pellizza. Puro cine.

Los dos cuadros, el de Casas de 1899 y el de Pellizza de 1901 hablan de lo mismo, un grupo de obreros en huelga. De las primeras movilizaciones de los trabajadores de la industria que estallaron en la mayoría de los países desarrollados. Los comienzos de la lucha por el socialismo.

La banda sonora de Novecento es de Ennio Morricone. Su “Romanzo”, lo primero que suena cuando comienza la película y que es su pieza más icónica, está en las antípodas de los himnos que protagonizaron los años de la historia que cuenta la película. Nada que ver con “La Internacional”, pero funciona.

Funciona porque la película de Bernardo Bertolucci cuenta la historia de dos amigos que nacen en la misma hacienda el día que muere Giuseppe Verdi, el 27 de enero de 1901: Alfredo, hijo del patrón y Olmo, hijo de un jornalero. A lo largo de su vida son uña y carne, se enfrentan y, en general reflejan la historia de dos clases opuestas que luchan encarnizadamente por sus propios intereses, confrontando razones y emociones. Desde la amistad de la infancia, el enfrentamiento, el alejamiento y, al final, el reencuentro, con el paso de la euforia a una disputa, que se hará eterna.

Una historia en la que subyace el desencanto.

Por favor disfrutad del coro de los esclavos (Va Pensiero), compuesto por Verdi para su ópera Nabuco y que se unía a la reivindicación de justicia e independencia en la Italia de finales del XIX.

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Summertime y Take five

El jazz siempre me gustó aunque, para un adolescente de la España de los 60, era difícil escucharlo. Pocos discos, mal distribuidos. El jazz era un género recluido en clubes, para mi inaccesibles, y ausente de las emisoras de radio.

George Gershwin, Ella Fitzgerald y Louis Armstrong. Tres nombres que, por si solos, explican porque me gusta el jazz. A Gershwin lo descubrí viendo en la tele, con trece o catorce años, a través de una película sobre su vida: “Rhapsody in Blue”. Esa música me enganchó. Louis Armstrong era entonces el jazz accesible en España. Su trompeta y su voz me enganchaban. Con quince años descubrí a Ella Fitgerald y, con ella, se asentó el jazz en mis oídos.

Tres nombres juntos en el tema más conocido de la ópera de Gershwin, “Porgy and Bess” y que abren los oídos de cualquiera.

Poco después, en el UHF, escuché la sintonía de un programa cultural. En la imagen se veían las vías de un tren que avanzaba al ritmo de esa música. Simple, sencilla y atrapadora.

Mucho tiempo después supe que aquello se llamaba “Take Five”, aquella sintonía seguía dentro de mi cabeza.

Dos razones para que el jazz me haya gustado desde hace tantos años. Luego escuché el jazz de New Orleans, Benny Goodman, Glen Miller, Billie Holiday, Nina Simone,… Sobre todos ellos volveré en futuras entradas. Siempre merece la pena recordarlos.

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