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¿Por qué, por qué? Los domingos por el futbol me abandonas

Siempre recordaré de mi infancia aquellas interminables tardes de domingo en las que mi padre escuchaba, desde su butaca, la retransmisión de los partidos de fútbol en la radio. Mientras, mi hermana y yo no podíamos hacer ruido y mi madre leía sentada en la otra butaca. La radio daba los signos para la quiniela y arrojaba unos, para mí, incomprensibles resultados: “Colchón Flex 1, Cerveza El Águila 0 ” Supongo que la emisora adjudicaba marcas comerciales a los equipos de fútbol como parte de una estrategia publicitaria pero, no estoy seguro de eso. Muchas veces me he preguntado ¿porqué no odio el fútbol?

Tengo asociadas aquellas tardes con una canción “El partido de fútbol” que yo recuerdo como “¿Por qué, por qué? Los domingos por el futbol me abandonas”. Nada tenía que ver la letra de esa canción con la tarde de los domingos en mi casa pero, para mí, significaba cuestionar la raíz de ese tremendo tedio.

La canción que yo recuerdo la cantaba Gelu, pero era una versión de una canción italiana, “La partita di pallone”, de Rita Pavone:

¿Por qué, Por qué?
Los domingos por el futbol me abandonas
No te importa que me quede en casa sola
No te importa
¿Por qué?
¿Por qué?
No me llevas al partido de una vez
Quizás, quizás
Tu me mientes al decir que vas al futbol
Es seguro que lo empleas como escusa
Es seguro quizás, quizás
Yo me entere alguna vez de la verdad
Te seguiré, y comprobaré si con otra vas
No me engañarás
Contigo iré y si no es así tu verás
Con mama mama mama volveré
¿Por qué, por qué?
Los domingos por el futbol me abandonas
No te importa que me quede en casa sola
No te importa
¿Por qué?
¿Por qué?
No me llevas al partido de una vez
Te seguiré, y comprobaré si con otra vas
No me engañarás
Contigo iré y si no es así tu verás
Con mama mama mama volveré
¿Por qué, Por qué?
Los domingos por el futbol me abandonas
No te importa que me quede en casa sola
No te importa
¿Por qué?
¿Por qué?
No me llevas al partido de una vez
Y no me llevas al partido de una vez

Desde aquel 1963 en el que la mujer estaba al margen de un fútbol patrimonio del padre de familia y sus vástagos varones han cambiado mucho las cosas. Ahora hay muchas chicas que disfrutan más del fútbol que un tipo como yo que lo ve con más que moderado entusiasmo, Soy madridista pero no comulgo con Florentino y los partidos se me suelen hacer demasiado largos si no los veo con más gente. Incluso he leído a Igor Paskual, en la revista Libero, plantear una discutible teoría: “El hombre del que habla en la canción pudiera ser gay y el partido era una excusa para ligar.

“Los domingos por el fútbol NO me abandonas”

Estas son cosas que cuenta la Cadena ser en Vigo. Esa canción, con letra de un tal Buceta y arreglos y voz de un tal Cunha Ilustra bien lo que os estoy contando y es divertida.

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Mi vieja bicicleta y “Teach your children”

Déjà Vu, lo último que habían sacado Crosby, Stills & Nash, llegó a mis manos a cambio de mi vieja bicicleta. Para mí el tema estrella era “Teach your children” y lo escuché montones de veces. Siempre me vino a la memoria aquella Orbea.

La bicicleta que los reyes magos me trajeron cuando tenía cinco años ya no daba más de sí. Le había subido tanto el manillar como el sillín cuanto era posible. Pedaleaba como si llevara un canasto entre las piernas para no golpear las rodillas contra el manillar. El problema era que no tenía otra bici  ni las 5.000 pesetas que necesitaría para comprar una “de carreras”.

Me ofrecieron deshacerme de ella a cambio de un LP, un disco de larga duración, el que yo eligiera. Era una compensación,  que me ofrecía un amigo de mi padre para regalársela a su hijo, unas 300 pesetas. Había que ser realista y acepté.

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A media luz

El tango era la música preferida de mis padres. Presumían de bailarlo bien y, en cualquier caso, es lo único que recuerdo verles bailar. Mi padre, cuando estaba absorto en sus cosas canturreaba y “A media luz”. Uno de los tangos que más asocio a su memoria.

Visité Buenos Aires. Mi padre ya había fallecido. Su recuerdo me llevó a “Corrientes 348”. ¡Que decepción! Era un garaje, “sin portero ni vecinos” pero, sin “segundo piso ascensor”. Allí, en medio de la calle, un “gallego” idiota (yo mismo) lloraba sin consuelo rememorando tantos momentos de su infancia.

“Adios muchachos” era otra de sus favoritas. Un día en un restaurante madrileño, “El viejo almacén de Buenos Aires” pedí que tocasen ese tema y me dijeron que no era posible. Al parecer, me contaron, era el último tango que había cantado Carlos Gardel y, desde entonces hay una superstición acerca de ese tema… Es posible, sabiendo lo mitómanos que son los argentinos, que así sea.

Otro día volveré sobre otro tango: “Volver”

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Yo soy aquel negrito

Es la primera canción que recuerdo, la asocio a mi infancia y a la radio que siempre me gustó y siempre me ha acompañado.

Me gustaba lo de “si lo toma el ciclista se hace el amo de la pista”. Mi padre me inculcó el gusto por el ciclismo. Disfruté cada Vuelta, cada Tour y cada Giro desde niño. Y lo sigo haciendo.

Disfruté con Bahamontes, Pérez Francés, el Kas, Poulidor, Merckx, Ocaña, Gimondi, Tarzán Sáez,…

Recuerdo bailotear, muy niño, en la cocina de casa, mientras cantaba aquella canción. Y tomarme un Colacao, calentito, bien batido y, preferiblemente, acompañado de unas galletas “Chiquilín”.

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