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El “Get on your knees” de Los Canarios

La primera vez que oí los metales dando el contrapunto a la voz de Teddy Bautista pensé que, por fin, en España se hacía música que podía competir con la de fuera. Luego me enteré de que, como había sucedido con el “Black is black” de Los Bravos, lo habían grabado en Londres con músicos británicos. Y para colmo, Teddy Bautista parece que (siempre presuntamente) resultó amigo de lo ajeno… ¡Otro mito a la mierda!

Esa historia y la del supuesto significado sexual de la letra (parece que lo de poner de rodillas a la chica era para “bajarla los humos”, ¿cómo?, pues con un acto de dominación) la cuenta mejor que yo “La guitarra de las musas”. Si tenéis curiosidad por la letra, aquí queda a vuestra disposición. A lo que voy, la canción era muy buena. No tanto su cara B (era lo habitual): “Trying so hard”

Antes les había oído en la banda sonora de una película de “Peppermint frappé”, una película de Carlos Saura con Geraldine Chaplin y José Luis López Vázquez de la que sólo la música me había gustado. Un rollazo en blanco y negro con muchas pretensiones, o así me lo pareció a mis catorce años. Me lo pareció con tanta intensidad que no se me ha pasado por la cabeza volver a verla.

Para mí su canto del cisne fue “Free yourself” en el 71. Luego prescindieron de los metales y abandonaron su camino. Yo les abandoné a ellos.

Por supuesto, no fui el único al que le gustó la música de “Los Canarios”. Me ha encantado leer como lo cuenta José Molina en “El retrovisor”. Fueron un fulgor corto pero merecido y con mucho brillo.

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La música de las películas de Berlanga

Las películas de Berlanga retratan la vida con sentido del humor. Dejan en la boca una sensación agridulce. Mezclan lo dramático y lo cómico que tuvo, tiene y tendrá nuestro día a día. La música que eligió para esos retratos es la música de su tierra, la música de Valencia, la música de las bandas callejeras y las escuelas de música, la banda sonora de nuestros festejos populares y de sus películas. Una mezcla de zarzuela, revista, canción popular española, la de moros y cristianos, y el folclore más “folclórico”. Eso explica porqué, cuando han querido homenajear a Berlanga en su centenario, no ha faltado una banda callejera tocando lo más definitorio de “sus” músicas: La Societat Musical La Eslava.

Berlanga dijo de si mismo: “…yo no soy un hombre excesivamente sensibilizado para la música. Si la música funciona bien en algunas de mis películas, será por un fenómeno ajeno a mis sensibilizaciones. A los músicos que han trabajado conmigo siempre les he dado unas ideas más literarias que musicales”. He leído esas declaraciones y me ha venido a la cabeza “Bienvenido Mr. Marshall”.

¿Os habéis fijado en la música que suena de fondo en el trailer de “Plácido”? Os al pongo en limpio porque explica que hace la música con una película. El foxtrot de “Plácido” se ha quedado como música que huele a cine.

Juan Francisco Álvarez cuenta con detalle en la revista de cine, Encadenados” la historia de las músicas y los músicos que escogió Berlanga para sus bandas sonoras. Yo sólo quiero recordar con vosotros las que han venido a mi memoria, las que me han gustado y han sido parte de mi vida, como “La vaquilla” que retrataba una España que, de otro modo y por desgracia, todavía vive.

Seguro que habéis escuchado o leído que, en las películas de Berlanga no podía faltar una referencia al imperio austrohúngaro. Era un amuleto. Le dio buena suerte cuando, por casualidad, la metió en “Bienvenido…” y ya lo hizo siempre. Yo no voy a ser menos.

Y vuelvo con las películas de Berlanga que más me gustaron y con las músicas de las calles de la Valencia que yo amo y que siempre están en mi recuerdo: Calabuch, un resumen de la Valencia de mi infancia tal como la he soñado y sólo recuerdo a través de los ojos de Berlanga y los incomparables guiones de Azcona.

Hasta con música religiosa sabían hacer “los jueves milagro”.

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La música de las pelis del oeste

Ahora no debe ser políticamente correcto pero a mí siempre me han gustado las pelis del oeste y sus músicas siempre me han transportado a ese mundo en el que, seguro, hubiera odiado vivir y en el que, sin embargo siempre he soñado y aventurado fantasías nunca protagonizadas por mi.

Los siete magnífico. Su música, durante muchísimos años, la de los anuncios de Marlboro (hasta que nos enteramos de que el protagonista de aquel “Come to Marlboro Country” murió de un cáncer de pulmón) era puro western. Te llevaba allí.

Por supuesto Clint Eastwood era también puro western. Rodado en Almería. El cine siempre ha sido tramposo. Pero el tema central de “El bueno, el feo y el malo” … lo evoca todo y te transporta a cualquier lado. Una vez en mi vida una música que no venía del cine me transportó tanto al mítico oeste pero era trampa. Yo estaba allí.

“How the west was won” Lo que para mí era puro cine y entretenimiento un profesor de historia, “El Topo” lo convirtió en una clase de historia que me apasionó. La película, que aquí titularon “La conquista del oeste” fue de lo primero que se estrenó en pantalla panorámica (lo llamaron cinerama) y fue un gran espectáculo.

“La leyenda de la ciudad sin nombre” Otra vez Clint Eastwood y el oeste. Aquel divertido y, entonces muy pecaminoso, trio con Jean Seberg y Lee Marvin. La voz de Lee Marvin cantando como si se estuviera afeitando con una cuchilla. Voz queda moviendo poco los labios.

Y otra canción de mineros, “Oh my darling Clementine” que inspiró una película de John Ford pero que yo he preferido recordar en la voz de Pete Seeger. Un músico que, como tantos otros, descubrí con mi amigo R. Y que me abrió los oidos a la música popular de los Estados Unidos. Eso que llamamos Folk.

Y volviendo a lo más clásico de los clásicos, “Sólo ante el peligro”. Inolvidable película y música que he visto y escuchado infinidad de veces. “Gary Cooper que estás en los cielos”.

Y, aunque no cantase, imposible olvidarse de John Wayne en una peli del oeste. La voz y el consabido contrapunto cómico, la ponía Dean Martin en “Rio Bravo”

Otro clásico musical “Riders in the sky”, una canción que se convirtió en película. Una canción de puro far west.

Cierro esta selección de temas musicales recordando las bandas sonoras de las pelis del oeste con la que ha sido sintonía de muchos ciclos de cine del oeste en las cadenas de televisión de todo el mundo. “Horizontes de Grandeza”. Y os invito a recordar un décimo tema. No es cine. Es televisión pero, es imposible que no acuda a mi memoria: “Bonanza”

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Ob-La-Di, Ob-La-Da. La vida sigue porque vivir es fácil con los ojos cerrados

Usaba minifalda y tenía unos muslazos tremendos. Yo tenía 15 años y ella era nuestra profe “nativa” de inglés en el instituto. Creo que ninguno de sus alumnos (en aquellos años las clases ni soñábamos en que fueran mixtas) la mirábamos sin dejar volar la imaginación. Y sin la menor perspectiva de otra cosa. Eso sí, utilizaba un método que a todos nos enganchó al inglés. Nos enseñaba a entender las letras de los Beatles. Mucho inglés no aprendí pero, muchos años después tuve una conversación con un cliente alemán utilizando trozos de aquellas canciones. Seguro que mi amigo P se acuerda. Nos reímos muchísimo de nosotros mismos ese día.

La primera canción que nos enseñó fue “Ob-La-Di, Ob-La-Da”. Un tema alegre que, quienes sabían tocar la guitarra aunque fuera de oído, la sacaron enseguida. Dicen los expertos que fue un tema precursor en la fusión del raggae y el pop. Lo compuso Paul McCartney. Lennon decía de ella que era «mierda para abuelas de Paul» pero, sin embargo, la entrada rápida y alegre del piano fue obra del propio John Lennon. Aún así “ha sido declarada la canción pop perfecta. Es a la conclusión a la que han llegado varios investigadores del Instituto Max Planck en Alemania después de analizar varios temas de este estilo”. Incluso hay quien afirma que luego ha sido plagiada por otros grupos. ¿Estáis de acuerdo?

La idea de utilizar la música de los Beatles para enseñar inglés no era original de aquella chica. Pero eso no quita ni un ápice del buen recuerdo que de ella tengo y no sólo por sus muslos (que también) sino porque fue la primera profesora de inglés que consiguió que me interesase por aprenderlo. Lamentablemente no recuerdo su nombre. Cosas de la adolescencia y el machismo inherente a la educación recibida. Yo también soy culpable.

La película “Vivir es fácil con los ojos cerrados” cuenta la historia de como Juan Carrión Gañán, un profesor de inglés en el Albacete de 1966, decide viajar a Almería, dónde John Lennon rodaba la película “Cómo gané la guerra”, para pedirle que corrigiera las transcripciones de las letras de los Beatles que sus alumnos habían hecho y que, en adelante, sus discos incorporaran la letra de las canciones. Consiguió las letras y que los discos de los Beatles las incluyeran.

Un ejemplo que aquella chica siguió quizás sin conocer la historia. Un recuerdo cariñoso para ella.

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Agapimú y Zorba. Recuerdos de un viaje por Grecia

En el verano del 80 Ella y yo viajamos a Grecia. Realmente era un viaje en autobús que recorría Bulgaria, Grecia y Turquía. Un viaje lleno de recuerdos e historias culminado, en Turquía, con un golpe de estado, en vivo y en directo.

La memoria musical de aquel viaje tiene dos sellos: Agapimú y Mikis Teodorakis. Era la música que sonaba en el autobús para ambientarnos. Entre las anécdotas más tontas del viaje, unas chicas del grupo quisieron congraciarse con una camarera en un hotel y le cantaron Agapimú (agapi mou), que significa ‘amor mío’ en griego. Aquello originó un, incómodo para ellas y risible para los demás, malentendido.

Casualidades de la vida, cuarenta años después de aquello, este verano en plena pandemia, se viralizó un vídeo montado sobre Agapimú y cantado, con mucho sentido del humor y toda la profesionalidad del mundo, por la propia Ana Belén.

Parece que el grupo “Ojete Calor”, integrado por Carlos Areces y Aníbal Gómez, convenció a Ana Belén para grabarlo poco antes de comenzar el confinamiento y lo grabaron, pasado el famoso 14 de marzo, desde sus respectivos domicilios. Nos regalaron a todos una bocanada de aire fresco durante el encierro.

“Agapimú” originalmente fue cantada por la italiana Mia Martini en 1974. Luis Gómez Escolar la adaptó y la “sazonó” para que, con una letra mucho más sugerente, la interpretase Ana Belén.

Pero no me quiero olvidar de Mikis Teodorakis que compuso un tema inolvidable que nos acompañó en el autobús bordeando el convertirse en pesado. Era “Zorba el Griego”, probablemente cualquier otro tema se hubiera convertido en insoportable.

El baile de Alexis Zorba y Basil, Anthony Quinn y Alan Bates, engancha. Es un Sirtaki que, para mi sorpresa cuando lo he buscado en la Wikipedia, se trata de una danza de origen griego creada por Giorgos Provias, en 1964 para la película Zorba el Griego. Así lo cuenta Anthony Quinn: no podía bailar porque tenía un problema en la rodilla y se le ocurrió arrastrar la pierna para poder ejecutar los pasos de la danza.

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Casablanca, música y frases para el recuerdo

Casablanca dejó huella en mis recuerdos a través de su música, sus frases y la historia que cuenta. Un recuerdo regado por sus múltiples reposiciones en televisión y por la cantidad de Rick´s Café que me he ido encontrando en muy dispares lugares. Alguno lo frecuento todavía, cerca de casa de mi hijo mayor. Ninguno se parecía ni se parece mínimamente al original que nunca existió ni tan siquiera como plató. Parece que eran tres sets distintos y no conectados entre sí.

“As time goes by. You must remember this, a kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh, the fundamental things apply, as time goes by”. (Debes recordar esto, un beso es solo un beso, un suspiro es solo un suspiro, las cosas fundamentales se aprecian, a medida que el tiempo pasa). “As time goes by” es lo primero que a todos se nos viene a la cabeza. La interpretó Arthur Dooley Wilson en el papel del pianista y amigo de Rick´s, Sam. Junto con el himno francés, “La Marsellesa” forma la base sonora de la película. Un contrapunto que preside el guion, entre lo romántico y lo patriótico; lo estético y lo épico.

Porque es una historia de amor, también una historia de lucha y resistencia y una historia de un personaje tan descreído que no cree ni en si mismo. Una historia que ha dejado frases para el recuerdo:

“I think this is the beginning of a beautiful friendship…” Este será el comienzo de una gran amistad. Una frase que ha firmado extrañas alianzas contra natura con “compañeros de viaje” a los que nunca nos hubiéramos aproximado y, quizás, nunca debimos hacerlo.

“We’ll always have Paris” Siempre nos quedará París. Una broma recurrente entre Ella y yo.

“The Germans wore gray. You wore blue” Los alemanes vestían de gris y tu vestías de azul. Tantas veces se lo he dicho a Ella cuando se viste con su color favorito, el azul.

Ilsa Lund y Rick Blaine, La Bergman y Bogart, recordaban su vida en común en París y un baile al son de “Perfidia”. Un escape al cordón musical de una banda sonora presidida y dominada por “Time goes by” y “La Marsellesa”. No es la única. Otra canción más, interpretada por Dooley Wilson, “It had to be you, shine” rompe ese leit motiv.

Pero os dejo con otra versión de “It had to be you, shine”, la de Billie Holiday. Su voz y su forma de cantar convierten esa canción en un tema de otra dimensión. Muy superior.

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Siempre me cayó bien El Coyote y mal El Correcaminos

No me escondo, aquel pajarraco me caía mal. Tan suficiente. Años después, muy lejos de la infancia. Cuando viví , desde el lado de los débiles, reuniones con fondos de inversión. Sus abogados me lo recordaban. Tipos que siempre estaban frescos y planchados aunque llevásemos horas de reunión tan sólo con el triste apoyo de los cafés de la máquina. Nunca perdían las formas, eran crueles e implacables con quien sólo contábamos con aquello que nuestro trabajo había creado. Aquellos abogados no se jugaban nada, nosotros todo. Pura ecología, pero odiosos.

La historia era siempre muy simple:

Aquellos dibujos animados, pensados para la televisión, tenían un planteamiento muy simple: El Correcaminos, un pajarraco muy veloz, era perseguido por el Coyote en una carretera que atravesaba el desierto al oeste de los Estados Unidos. El Coyote desarrolla laboriosas estrategias para atrapar al Correcaminos pero unas extrañas leyes físicas y la mala calidad de los artefactos que utiliza lo impiden siempre. Para colmo, El Coyote no sólo fracasa sino que acaba reventado. Todo sin palabras, sólo el “bipbip del Correcaminos y los carteles que continuamente exhiben contando sus planes en apenas una palabra.

Robert Patxot explicó las reglas que rigen las películas de El Coyote y El Correcaminos que aquí quedan para el lector más curioso. Pero lo realmente determinante era la calidad de los productos ACME, una marca famosa por sus peligrosos productos que fallaban catastróficamente de las más disparatadas maneras. El ilustrador Rob Loukotka ha creado un muy completo catálogo de los productos ACME.

Veamos un completo panorama de aplicaciones de los productos ACME:

Sin duda el otro gran aliado de El Correcaminos son unas extrañas leyes de la física. Tanto es así que han sido objeto de estudio en el libro “La Física del Coyote y el Correcaminos” de Luis Javier Plata Rosas, editado por Planeta Como explica el resumen de este libro que recoge “Nexos” No son las leyes de Newton, la ley de Hooke, la ley de la gravitación universal, las que rigen en el desierto del Coyote ¿Cuáles son entonces? Pues, por ejemplo: “Todo cuerpo suspendido en el espacio permanecerá en el espacio hasta que se dé cuenta de su situación” o, por fortuna, “Toda reordenación violenta de la materia en el Coyote es temporal. Así, el Coyote puede plegarse como acordeón, estirarse como liga, doblarse como burro de planchar, desintegrarse, romperse en cuadritos, cortarse en partes, y todo lo que se nos ocurra, sin dañar su integridad física”.

Mariana Blanco ha publicado que: “El Coyote analizó de cerca todas las fallas en sus planes para atrapar al Correcaminos y llegó a una conclusión: ACME es culpable. Él prepara su demanda en: “Coyote vs. ACME”. Lo veremos a mediados del 2023 en las pantallas de cine.

Como siempre tiene que aparecer alguien para fastidiar, CBS News publicó un vídeo sacado de la vida real en que un Coyote se quedaba con las ganas de cazar a un Correcaminos. “Shit” que dirían en Arizona.

Volviendo al inicio, a los abogados de los fondos de inversión, estos se aprovechaban de la mala calidad de unos argumentos que sólo se basaban en la fe en nuestro equipo y en nuestros productos. Y en una extraña utilización de las leyes muy lejana de ese ideal que llamamos justicia.

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Oh Brother, “I am a man of constant sorrow”

Tres presos escapan vestidos con el tópico mono de rayas blancas y negras que los caracteriza. Se encuentran con un guitarrista que ha vendido su alma al diablo. Con él graban una canción “I am a man of constant sorrow” firmando como los “The Soggy Bottom Boys” (“Los Traseros Mojados”)… La banda sonora de la película “Oh Brother, Where Art Thou?”, bluegrass puro, es de las que más he disfrutado.

George Clooney puso la imagen pero la voz la puso Dan Tyminski, El Intranews lo cuenta bien. Un grupo de expertos calificó la canción como una de las mejores canciones de country del siglo, la única bluegrass, el único éxito que no es de radio y la única canción de una banda sonora. La única canción de un grupo ficticio entre las que ocuparon los primeros puestos de la lista.

«Man of Constant Sorrow», fue compuesta por un violinista medio ciego de Kentucky, Dick Burnett, a principios del siglo XX, quizás este se limitó a recoger el resultado de la evolución popular de un himno religioso antiguo.

Antes de convertirse en el tema principal de “Oh Brother” la han cantado muchos grandes, Bob Dylan entre ellos.

Con variaciones en su título también la han cantado: Joan Baez (Girl of Constant Sorrow).

Judy Collins (Maid of Constant Sorrow).

Peter, Paul and Mary (Sorrow”) y en 1970 la grabó, con su título original, la Ginger Baker’s Air Force.

A mi la que más me gusta, la que más auténtica me suena, es la que Dan Tyminski grabó poniendo la voz a George Clooney. Con eso vuelvo a Dan Tyminsk y al bluegrass. Os dejo con una pieza que explica porqué me gustan el country, el blues y el jazz.

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La televisión pronto llegará, yo te cantaré y tú me verás. Y llegó.

A los más jóvenes quizás les cueste entender que la tele no estaba al alcance de todo el mundo en le España de mi infancia . Hasta octubre del 56 no comenzó la emisión diaria, entonces sólo al alcance de gente con gran poder adquisitivo y sólo tres horas al día. Este va a ser un post con poca música pero que intenta explicar el medio que nos trajo la música a toda una generación.

Lolita Garrido, en 1947, anunciaba que pronto llegaría la televisión. Aún tardó en llegar 9 años. La televisión española llegó en 1956 emitiendo sólo desde Madrid y para los 600 televisores que había en Madrid.

Poco a poco TVE consiguió tener cobertura en toda España. Tras Madrid llegó a Zaragoza, y en 1959 a Barcelona desde dónde comenzaron a emitirse también algunos programas. Parece que en 1959 había 50.000 televisores en toda España. Luego una red de siete emisoras permitió la conexión entre las dos ciudades. Con lentos pasitos se fue consiguiendo cobertura nacional. En 1963 se cubría el 80% del territorio nacional.

Pertenezco a una generación que recuerda la llegada del primer televisor a su casa. Tengo en mi cabeza la imagen de ese día; la caja de embalaje abierta; un técnico había instalado la antena; mi hermana y yo mirando con asombro, en imagen un programa infantil con unos tipos vestidos de mago. Mi padre había trabajado durante un año en Suiza. El dinero que allí ganó y la promoción profesional que le supuso a su vuelta cambiaron la economía familiar. La boda de Balduino y Fabiola, en diciembre de 1960, fue la primera gran retransmisión que tuve ocasión de ver en la tele, recién llegada a mi casa. Subieron a verla peluqueras y clientas de la peluquería que había enfrente de casa. Allí se juntaron con mi abuela que pedía silencio. Mientras mi hermana y yo acabamos hartos de aquella invasión.

A mediados de los años 60 el entonces ministro franquista de “Información y Turismo”, Manuel Fraga (si ese gran adalid de la democracia), impulsó la creación de teleclubes para hacer accesible la televisión a quienes no tenían dinero para tener su propio aparato. Una televisión costaba 25.000 pesetas y el salario mínimo estaba en unas doscientas. La televisión comenzaba a llegar a todos los rincones y a los españoles aunque fuera de “prestado” y con el mensaje del régimen.

Una película “Historias de la televisión” quiso contar, como entonces se podía contar, que era la televisión para los españoles de aquellos años y como se relacionaban con ella.

Ya a principios de los años 60 comenzaron a emitirse programas “enlatados”. Hasta entonces todo se grababa en directo pero sometido a una rigurosa censura. Por supuesto la censura continuó durante toda la dictadura.

La televisión se convirtió en un poderoso arma de propaganda capaz de crear anhelos y horizontes que sólo al poder interesaban.

El color no llegó a la televisión española hasta 1973 y sólo en 1977 se emitía toda la programación en color. La televisión en la época del general Franco era en blanco y negro. Una firme contribución a aquella España gris de mi infancia y adolescencia.

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Canciones para después de una guerra, canciones de una vida

Este blog abre con una página que llamé “Canciones de una vida” y debe su concepción y su propia existencia a una película, “Canciones para después de una guerra”. Desde que vi la película me interesó el poder de la música y la imagen para evocar el recuerdo, la reflexión sobre el pasado y para aflorar los sentimientos. Estoy muy lejos del maestro Basilio Martín Patino pero me inspiró. Primero pensé en que la primera entrada de este blog se llamaría “Canciones para después de una vida” pero entre mis planes inmediatos no está eso de morirme así que aposté por una “Canciones de una vida”.

Disfrutad de la película que está entera y merece la pena.

Ella y yo lo vimos juntos, sabiendo que había estado prohibida durante años y, por ello, con un cierto sabor de conquista en la boca. Eso sí, vigilantes, pues los “Guerrilleros de Cristo Rey” amenazaban con boicotearla. Recordábamos la banda sonora de nuestra infancia, reconocíamos las imágenes y situaciones de las que habíamos escuchado hablar muchas veces. Nos revolvimos y nos revelamos con algunas de ellas. Pero fue a los mayores a quienes más conmovió.

Mis padres salieron del cine emocionados. Vivieron el ver aquella película como una victoria. Se había rodado en el año 71, fue prohibida y no pudo ser estrenada hasta que el dictador murió. Carrero Blanco, cuando la vio, amenazó con fusilar a Martín Patiño, el director de la película, según cuenta un sesudo estudio sobre ella de Nerea González.

A mi suegro le gustó y mi suegra salió llorando. Cuatro personas que vivieron guerra y posguerra desde distintas perspectivas, ideologías y experiencias. Esa es la capacidad de sugerencia y memoria de “Canciones para después de una guerra”.

El audio, salvo contadas apariciones de una voz en off, desgrana las canciones que constituyen la banda sonora de una España destrozada por la guerra, dividida en vencedores y vencidos. Una España en la que los últimos no podían ser los primeros para nada bueno. El vídeo es una sucesión de imágenes de la vida cotidiana que contrastan, muchas veces frontalmente, con lo que, en ese momento se escucha. Unas imágenes sacadas de reportajes, rodados por la dictadura, en los que se refleja una miseria material y moral que no traspasó la piel de quienes mandaban.

Seguro que lo cuenta mejor que yo Carlos Lozano en “Revista de Cine”

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