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Mikis Theodorakis, fiel a si mismo

No hace falta que os de la noticia. Su muerte ha sido anunciada en todos los medios de comunicación. En algunos con lágrimas de cocodrilo. Mikis Theodorakis nunca renunció a sus convicciones y nunca abandonó su espíritu de lucha por cuanto creyó justo. He escogido dos pequeños blogueros que hoy le han glosado. Simplemente porque de muestra vale un botón: Ángel Reina y Humanidad Acompañadlo con Mikis dirigiendo a Quilapayun cantando aquello de “El pueblo unido jamás será vencido”.

Sólo una vez he viajado a Grecia y la banda sonora de aquellas vacaciones estuvo presidida, como ya os conté, por Mikis Teodorakis. Entonces, en 1980, yo ya sabía quien era Mikis Theodorakis. Miento. Yo había oído hablar del resistente que muy joven había hecho frente a los nazis en su país, al cantante que se había enfrentado a la dictadura de los coroneles y, en todo caso, al autor de la banda sonora de Zorba el griego.

En 1977 José Luis Garci había dado un papel protagonista a una canción de Mikis Theodorakis (“Luna de Miel” con letra en español de Rafael Penagos) en su película “Asignatura Pendiente”. Era un tema que había popularizado Gloria Lasso en 1959 y que yo no recordaba haber escuchado cuando vi esa película. Me encantó su tono retro y me gustó la canción. Tened paciencia, el vídeo cierra con la canción.

Fue todo eso, le asocio a esos recuerdos y fue un gran músico. Su obra abarcó desde canciones y bandas sonoras de películas hasta sinfonías, ballets, óperas, … Os sugiero mirar la wikipedia y leer sobre la enormidad y el calado de su obra. Casi seguro no recordáis la banda sonora de Z, la película de Costa Gavras que cuenta una historia que el propio Theodorakis vivió muy de cerca en sus propias carnes (no como protagonista). En una pieza su música y su propia historia.

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Los “ruidos” de un verano en mi adolescencia (pongamos que hablo de 1970)

En mi adolescencia, en el paso de los años 60 a los 70, veraneaba, por supuesto en familia, en la playa de Gandía. Tuve una adolescencia sosa y mis recuerdos de entonces son sosos. Recuerdo largas mañanas de playa; la cabaña de cañas que nos hicimos para huir de la sempiterna vigilancia de los padres; el cine de verano; la ¿música? de las fiestas nocturnas de los hoteles y mucho ruido. Seguro que hay gente de mi edad que disfrutó aquello. Yo no lo voy a pintar como un infierno pero tampoco como algo divertidísimo. Era lo que se despachaba en una familia de clase media en aquella España gris.

Cerca del apartamento familiar había un hotel que tenía baile todas las noches. Su fin de fiesta, invariablemente, consistía en una magistral interpretación de “Los hermanos Pinzones”. Con aquel hit mantenían el nivel que marcaba su baile más repetido:

El fin de fiesta daba paso a un continuo trasiego de vespinos sin silenciador que amenizaban la noche con ayuda de los mosquitos. Un adolescente como yo debía estar en casa tras la cena (eso de las largas noches de verano en mi casa no iba más allá del cine al aire libre). Había que dormir. Al día siguiente te despertaba el “camión del tapicero”. Si. ese mismo que, con la misma grabación has podido oír en estos días en el pueblo o la playa en que veraneas.

Mi gran aliciente era el cine. Durante todo el año teníamos que estar en casa antes de cenar o, siendo tolerantes, a las diez de la noche. En verano podías ir al cine de verano con los amigos (muy probablemente con papá y mamá unas butacas más allá) y regresar en cuanto acababa la película. Una película que, en muchos casos, ya habías visto pero, eso no te importaba.

Y no pierdo de vista que yo tenía la fortuna de que, cada año, podía ir de veraneo a la playa. La pena es que esa España estaba pensada para la mediocridad y la falta de imaginación. Quienes entonces, quizás no sabíamos qué, pero queríamos más, quienes queríamos otras cosas, otros horizontes,… recordamos aquello con la sensación de que nos robaron la juventud.

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West side story

No recuerdo el año en que la vi, ni recuerdo el año, mucho antes, en el que sus canciones comenzaron a oírse en la radio. Supongo que en el 62., las películas tardaban en llegar a España. Aquella canción sobre América en la que las chicas la cantaban como tierra de esperanza mientras los chicos la ponían en duda. Me hacía gracia aquel diálogo radiado en un español que sonaba raro y que no consigo encontrar en youtube.

Cuando vi la película ya entendía el fondo de eso que llaman “crítica social” que tenía. De niño me había conformado con aquello de que nos tenían manía a los españoles y, por extensión, a nuestros hermanos de América. No me gustan los musicales, pero “West side story” es de los pocos que me han gustado.

Luis Alberto Jiménez me dio la pista: Steven Spielberg va a estrenar un remake de la película. Y me apetece. En diciembre veremos si la versión hace los honores al original y al respeto que a los aficionados al cine nos merece Spielberg.

Las comparaciones son odiosas he oído siempre decir pero, a mi me ha gustado siempre comparar.

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Siempre es domingo

“Siempre es domingo”, una canción de mi infancia, 1961, que tarareo con frecuencia. Me divertía y me planteaba una situación muy atractiva y una aspiración que compartía. Además, me molaban esas frases terminadas como en pequeños hipidos que yo intentaba imitar.

“Siempre es domingo” era la canción estrella de la banda sonora de una película, con el mismo título. Una película que cuenta una España que no existía en la oscura realidad de aquellos años. Una España en la que un grupo de jóvenes que manejaban unos coches estupendos, vivían en unas casas sensacionales con servicio doméstico uniformado y en la que, alguno de ellos, tenía su corazoncito caritativo y se acercaba a regalar juguetes a los pobres con su buen coche y sus mejores galas. Todo ello entre fiesta y fiesta. La película nos cuenta como se dan cuenta de lo irresponsable y loca vida para volver al camino de la moralidad nacional católica y a unas vidas ordenadas en esa España eterna que predicaba el dictador. Arrepentimiento y enmienda para, llevando una vida cristiana, ir al cielo.

En aquella España el sábado por la mañana se trabajaba y los niños teníamos colegio. Suave, más que clases al uso era un día más lúdico. algún juego y cine, muy antiguo, cine de vaquero bueno con flecos y caballo blanco y el malo con caballo lento y negro, pero cine. Mi padre trabajaba por la mañana y venía a comer a casa. Entonces comenzaba el fin de semana.

El dictador se ocupaba de discernir, para todos, entre el bien y el mal, entre los buenos y los malos y sentaba su doctrina. de muestra vale un botón.

El discurso entero duraba, casi 42 minutos. Si tenéis paciencia y estómago escuchadlo entero en https://www.rtve.es/alacarta/videos/documentales-b-n/mensaje-franco-fin-ano-1960/2846494/ el mensaje de “El Caudillo” al comenzar el año 1961 (el año de la película “Siempre es domingo”), el año en que celebró sus “XXV años de paz”. A cada uno de nosotros, vosotros queda el interpretar lo que la cabeza, el corazón y nuestra experiencia dicen al respecto.

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El “Get on your knees” de Los Canarios

La primera vez que oí los metales dando el contrapunto a la voz de Teddy Bautista pensé que, por fin, en España se hacía música que podía competir con la de fuera. Luego me enteré de que, como había sucedido con el “Black is black” de Los Bravos, lo habían grabado en Londres con músicos británicos. Y para colmo, Teddy Bautista parece que (siempre presuntamente) resultó amigo de lo ajeno… ¡Otro mito a la mierda!

Esa historia y la del supuesto significado sexual de la letra (parece que lo de poner de rodillas a la chica era para “bajarla los humos”, ¿cómo?, pues con un acto de dominación) la cuenta mejor que yo “La guitarra de las musas”. Si tenéis curiosidad por la letra, aquí queda a vuestra disposición. A lo que voy, la canción era muy buena. No tanto su cara B (era lo habitual): “Trying so hard”

Antes les había oído en la banda sonora de una película de “Peppermint frappé”, una película de Carlos Saura con Geraldine Chaplin y José Luis López Vázquez de la que sólo la música me había gustado. Un rollazo en blanco y negro con muchas pretensiones, o así me lo pareció a mis catorce años. Me lo pareció con tanta intensidad que no se me ha pasado por la cabeza volver a verla.

Para mí su canto del cisne fue “Free yourself” en el 71. Luego prescindieron de los metales y abandonaron su camino. Yo les abandoné a ellos.

Por supuesto, no fui el único al que le gustó la música de “Los Canarios”. Me ha encantado leer como lo cuenta José Molina en “El retrovisor”. Fueron un fulgor corto pero merecido y con mucho brillo.

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La música de las películas de Berlanga

Las películas de Berlanga retratan la vida con sentido del humor. Dejan en la boca una sensación agridulce. Mezclan lo dramático y lo cómico que tuvo, tiene y tendrá nuestro día a día. La música que eligió para esos retratos es la música de su tierra, la música de Valencia, la música de las bandas callejeras y las escuelas de música, la banda sonora de nuestros festejos populares y de sus películas. Una mezcla de zarzuela, revista, canción popular española, la de moros y cristianos, y el folclore más “folclórico”. Eso explica porqué, cuando han querido homenajear a Berlanga en su centenario, no ha faltado una banda callejera tocando lo más definitorio de “sus” músicas: La Societat Musical La Eslava.

Berlanga dijo de si mismo: “…yo no soy un hombre excesivamente sensibilizado para la música. Si la música funciona bien en algunas de mis películas, será por un fenómeno ajeno a mis sensibilizaciones. A los músicos que han trabajado conmigo siempre les he dado unas ideas más literarias que musicales”. He leído esas declaraciones y me ha venido a la cabeza “Bienvenido Mr. Marshall”.

¿Os habéis fijado en la música que suena de fondo en el trailer de “Plácido”? Os al pongo en limpio porque explica que hace la música con una película. El foxtrot de “Plácido” se ha quedado como música que huele a cine.

Juan Francisco Álvarez cuenta con detalle en la revista de cine, Encadenados” la historia de las músicas y los músicos que escogió Berlanga para sus bandas sonoras. Yo sólo quiero recordar con vosotros las que han venido a mi memoria, las que me han gustado y han sido parte de mi vida, como “La vaquilla” que retrataba una España que, de otro modo y por desgracia, todavía vive.

Seguro que habéis escuchado o leído que, en las películas de Berlanga no podía faltar una referencia al imperio austrohúngaro. Era un amuleto. Le dio buena suerte cuando, por casualidad, la metió en “Bienvenido…” y ya lo hizo siempre. Yo no voy a ser menos.

Y vuelvo con las películas de Berlanga que más me gustaron y con las músicas de las calles de la Valencia que yo amo y que siempre están en mi recuerdo: Calabuch, un resumen de la Valencia de mi infancia tal como la he soñado y sólo recuerdo a través de los ojos de Berlanga y los incomparables guiones de Azcona.

Hasta con música religiosa sabían hacer “los jueves milagro”.

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La música de las pelis del oeste

Ahora no debe ser políticamente correcto pero a mí siempre me han gustado las pelis del oeste y sus músicas siempre me han transportado a ese mundo en el que, seguro, hubiera odiado vivir y en el que, sin embargo siempre he soñado y aventurado fantasías nunca protagonizadas por mi.

Los siete magnífico. Su música, durante muchísimos años, la de los anuncios de Marlboro (hasta que nos enteramos de que el protagonista de aquel “Come to Marlboro Country” murió de un cáncer de pulmón) era puro western. Te llevaba allí.

Por supuesto Clint Eastwood era también puro western. Rodado en Almería. El cine siempre ha sido tramposo. Pero el tema central de “El bueno, el feo y el malo” … lo evoca todo y te transporta a cualquier lado. Una vez en mi vida una música que no venía del cine me transportó tanto al mítico oeste pero era trampa. Yo estaba allí.

“How the west was won” Lo que para mí era puro cine y entretenimiento un profesor de historia, “El Topo” lo convirtió en una clase de historia que me apasionó. La película, que aquí titularon “La conquista del oeste” fue de lo primero que se estrenó en pantalla panorámica (lo llamaron cinerama) y fue un gran espectáculo.

“La leyenda de la ciudad sin nombre” Otra vez Clint Eastwood y el oeste. Aquel divertido y, entonces muy pecaminoso, trio con Jean Seberg y Lee Marvin. La voz de Lee Marvin cantando como si se estuviera afeitando con una cuchilla. Voz queda moviendo poco los labios.

Y otra canción de mineros, “Oh my darling Clementine” que inspiró una película de John Ford pero que yo he preferido recordar en la voz de Pete Seeger. Un músico que, como tantos otros, descubrí con mi amigo R. Y que me abrió los oidos a la música popular de los Estados Unidos. Eso que llamamos Folk.

Y volviendo a lo más clásico de los clásicos, “Sólo ante el peligro”. Inolvidable película y música que he visto y escuchado infinidad de veces. “Gary Cooper que estás en los cielos”.

Y, aunque no cantase, imposible olvidarse de John Wayne en una peli del oeste. La voz y el consabido contrapunto cómico, la ponía Dean Martin en “Rio Bravo”

Otro clásico musical “Riders in the sky”, una canción que se convirtió en película. Una canción de puro far west.

Cierro esta selección de temas musicales recordando las bandas sonoras de las pelis del oeste con la que ha sido sintonía de muchos ciclos de cine del oeste en las cadenas de televisión de todo el mundo. “Horizontes de Grandeza”. Y os invito a recordar un décimo tema. No es cine. Es televisión pero, es imposible que no acuda a mi memoria: “Bonanza”

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Ob-La-Di, Ob-La-Da. La vida sigue porque vivir es fácil con los ojos cerrados

Usaba minifalda y tenía unos muslazos tremendos. Yo tenía 15 años y ella era nuestra profe “nativa” de inglés en el instituto. Creo que ninguno de sus alumnos (en aquellos años las clases ni soñábamos en que fueran mixtas) la mirábamos sin dejar volar la imaginación. Y sin la menor perspectiva de otra cosa. Eso sí, utilizaba un método que a todos nos enganchó al inglés. Nos enseñaba a entender las letras de los Beatles. Mucho inglés no aprendí pero, muchos años después tuve una conversación con un cliente alemán utilizando trozos de aquellas canciones. Seguro que mi amigo P se acuerda. Nos reímos muchísimo de nosotros mismos ese día.

La primera canción que nos enseñó fue “Ob-La-Di, Ob-La-Da”. Un tema alegre que, quienes sabían tocar la guitarra aunque fuera de oído, la sacaron enseguida. Dicen los expertos que fue un tema precursor en la fusión del raggae y el pop. Lo compuso Paul McCartney. Lennon decía de ella que era «mierda para abuelas de Paul» pero, sin embargo, la entrada rápida y alegre del piano fue obra del propio John Lennon. Aún así “ha sido declarada la canción pop perfecta. Es a la conclusión a la que han llegado varios investigadores del Instituto Max Planck en Alemania después de analizar varios temas de este estilo”. Incluso hay quien afirma que luego ha sido plagiada por otros grupos. ¿Estáis de acuerdo?

La idea de utilizar la música de los Beatles para enseñar inglés no era original de aquella chica. Pero eso no quita ni un ápice del buen recuerdo que de ella tengo y no sólo por sus muslos (que también) sino porque fue la primera profesora de inglés que consiguió que me interesase por aprenderlo. Lamentablemente no recuerdo su nombre. Cosas de la adolescencia y el machismo inherente a la educación recibida. Yo también soy culpable.

La película “Vivir es fácil con los ojos cerrados” cuenta la historia de como Juan Carrión Gañán, un profesor de inglés en el Albacete de 1966, decide viajar a Almería, dónde John Lennon rodaba la película “Cómo gané la guerra”, para pedirle que corrigiera las transcripciones de las letras de los Beatles que sus alumnos habían hecho y que, en adelante, sus discos incorporaran la letra de las canciones. Consiguió las letras y que los discos de los Beatles las incluyeran.

Un ejemplo que aquella chica siguió quizás sin conocer la historia. Un recuerdo cariñoso para ella.

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Agapimú y Zorba. Recuerdos de un viaje por Grecia

En el verano del 80 Ella y yo viajamos a Grecia. Realmente era un viaje en autobús que recorría Bulgaria, Grecia y Turquía. Un viaje lleno de recuerdos e historias culminado, en Turquía, con un golpe de estado, en vivo y en directo.

La memoria musical de aquel viaje tiene dos sellos: Agapimú y Mikis Theodorakis. Era la música que sonaba en el autobús para ambientarnos. Entre las anécdotas más tontas del viaje, unas chicas del grupo quisieron congraciarse con una camarera en un hotel y le cantaron Agapimú (agapi mou), que significa ‘amor mío’ en griego. Aquello originó un, incómodo para ellas y risible para los demás, malentendido.

Casualidades de la vida, cuarenta años después de aquello, este verano en plena pandemia, se viralizó un vídeo montado sobre Agapimú y cantado, con mucho sentido del humor y toda la profesionalidad del mundo, por la propia Ana Belén.

Parece que el grupo “Ojete Calor”, integrado por Carlos Areces y Aníbal Gómez, convenció a Ana Belén para grabarlo poco antes de comenzar el confinamiento y lo grabaron, pasado el famoso 14 de marzo, desde sus respectivos domicilios. Nos regalaron a todos una bocanada de aire fresco durante el encierro.

“Agapimú” originalmente fue cantada por la italiana Mia Martini en 1974. Luis Gómez Escolar la adaptó y la “sazonó” para que, con una letra mucho más sugerente, la interpretase Ana Belén.

Pero no me quiero olvidar de Mikis Theodorakis que compuso un tema inolvidable que nos acompañó en el autobús bordeando el convertirse en pesado. Era “Zorba el Griego”, probablemente cualquier otro tema se hubiera convertido en insoportable.

El baile de Alexis Zorba y Basil, Anthony Quinn y Alan Bates, engancha. Es un Sirtaki que, para mi sorpresa cuando lo he buscado en la Wikipedia, se trata de una danza de origen griego creada por Giorgos Provias, en 1964 para la película Zorba el Griego. Así lo cuenta Anthony Quinn: no podía bailar porque tenía un problema en la rodilla y se le ocurrió arrastrar la pierna para poder ejecutar los pasos de la danza.

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Casablanca, música y frases para el recuerdo

Casablanca dejó huella en mis recuerdos a través de su música, sus frases y la historia que cuenta. Un recuerdo regado por sus múltiples reposiciones en televisión y por la cantidad de Rick´s Café que me he ido encontrando en muy dispares lugares. Alguno lo frecuento todavía, cerca de casa de mi hijo mayor. Ninguno se parecía ni se parece mínimamente al original que nunca existió ni tan siquiera como plató. Parece que eran tres sets distintos y no conectados entre sí.

“As time goes by. You must remember this, a kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh, the fundamental things apply, as time goes by”. (Debes recordar esto, un beso es solo un beso, un suspiro es solo un suspiro, las cosas fundamentales se aprecian, a medida que el tiempo pasa). “As time goes by” es lo primero que a todos se nos viene a la cabeza. La interpretó Arthur Dooley Wilson en el papel del pianista y amigo de Rick´s, Sam. Junto con el himno francés, “La Marsellesa” forma la base sonora de la película. Un contrapunto que preside el guion, entre lo romántico y lo patriótico; lo estético y lo épico.

Porque es una historia de amor, también una historia de lucha y resistencia y una historia de un personaje tan descreído que no cree ni en si mismo. Una historia que ha dejado frases para el recuerdo:

“I think this is the beginning of a beautiful friendship…” Este será el comienzo de una gran amistad. Una frase que ha firmado extrañas alianzas contra natura con “compañeros de viaje” a los que nunca nos hubiéramos aproximado y, quizás, nunca debimos hacerlo.

“We’ll always have Paris” Siempre nos quedará París. Una broma recurrente entre Ella y yo.

“The Germans wore gray. You wore blue” Los alemanes vestían de gris y tu vestías de azul. Tantas veces se lo he dicho a Ella cuando se viste con su color favorito, el azul.

Ilsa Lund y Rick Blaine, La Bergman y Bogart, recordaban su vida en común en París y un baile al son de “Perfidia”. Un escape al cordón musical de una banda sonora presidida y dominada por “Time goes by” y “La Marsellesa”. No es la única. Otra canción más, interpretada por Dooley Wilson, “It had to be you, shine” rompe ese leit motiv.

Pero os dejo con otra versión de “It had to be you, shine”, la de Billie Holiday. Su voz y su forma de cantar convierten esa canción en un tema de otra dimensión. Muy superior.

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