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El fallero

Mi abuela y parte de la familia materna vivían en Valencia, una tierra que, quizás por eso, siempre he amado. La visita a la familia en “fallas” era una experiencia que marcaba y, desde entonces, este pasodoble, el fallero, me emociona.

La música. Música popular tocada por miles de músicos aficionados que llenan las calles con sus agrupaciones que consiguen que esa fiesta no se entienda sin su música. La despertá con los petardos estallando contra los cierres metálicos bajo la ventana de la habitación en que dormía. La mascletá en la que descubrí que también era música. Los fuegos artificiales que iluminaban aquellas noches y que siempre me parecieron los más bonitos del mundo.

Un año mi primo mayor construyó una falla y la quemamos en el patio con mi hermana vestida de fallera.

Los chalecos de los Llauradors que siempre admiré y envidié (alguna vez me compraré uno). La cremá, indescriptible. De niño, tanta explosión y tanto fuego me asustaba. Poco a poco las fallas y su música me ganaron y hoy para mi son una auténtica bandera.

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