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Novecento, una música que cuenta una historia de lucha

Una música y dos cuadros que han resonado en mi imaginario desde mi primera juventud. Primero el cuadro de Ramón Casas, “La Carrega” (La Carga), luego vi Novecento, su música me agarró desde el primer momento sonando sobre la imagen de “Il quarto stato” de Giuseppe Pellizza. Puro cine.

Los dos cuadros, el de Casas de 1899 y el de Pellizza de 1901 hablan de lo mismo, un grupo de obreros en huelga. De las primeras movilizaciones de los trabajadores de la industria que estallaron en la mayoría de los países desarrollados. Los comienzos de la lucha por el socialismo.

La banda sonora de Novecento es de Ennio Morricone. Su “Romanzo”, lo primero que suena cuando comienza la película y que es su pieza más icónica, está en las antípodas de los himnos que protagonizaron los años de la historia que cuenta la película. Nada que ver con “La Internacional”, pero funciona.

Funciona porque la película de Bernardo Bertolucci cuenta la historia de dos amigos que nacen en la misma hacienda el día que muere Giuseppe Verdi, el 27 de enero de 1901: Alfredo, hijo del patrón y Olmo, hijo de un jornalero. A lo largo de su vida son uña y carne, se enfrentan y, en general reflejan la historia de dos clases opuestas que luchan encarnizadamente por sus propios intereses, confrontando razones y emociones. Desde la amistad de la infancia, el enfrentamiento, el alejamiento y, al final, el reencuentro, con el paso de la euforia a una disputa, que se hará eterna.

Una historia en la que subyace el desencanto.

Por favor disfrutad del coro de los esclavos (Va Pensiero), compuesto por Verdi para su ópera Nabuco y que se unía a la reivindicación de justicia e independencia en la Italia de finales del XIX.

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Planta un árbol

Cuando murió mi madre, mi hermana y yo decidimos poner sobre su féretro un ramo de rosas rojas con una cinta y una inscripción: “Planta un árbol”.

Se trataba del título de una canción de Labordeta que le había hecho llorar cuando apenas renacía la libertad en España, tras la dictadura. Mi madre era una mujer muy dura; pocas veces la vi llorar en mi vida y, en aquella ocasión lo hizo de tal manera que a mi hermana y a mí nos impresionó muchísimo. Leyendo su letra quizás lo entenderéis:

Planta un árbol sobre la tierra yerma
y ayúdale a crecer, ayúdale a crecer
igual al socialismo que tenemos que hacer,
igual al socialismo que tenemos que hacer.

Hubo un tiempo de árboles partidos
de voces acalladas, de miedos y de gritos.
Hubo un tiempo hoy ya casi vencido
que sólo las raíces crecieron al olvido.

Nadie pudo romper esas raíces,
nadie pudo matar la libertad,
nadie pudo impedir que ellas crecieran
contra el viento, la sangre y la impiedad.

Hoy están a flor de nuestras pieles
para formar un bosque sobre el mar,
la vida es implacable con el hombre,
la historia no se puede parar.  

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